coelho.jpg        Descubrí que Paulo Coelho tiene un blog y que el periódico El Nacional de Venezuela tiene unas buenas traducciones al castellano en una columna que sale todos los domingos, se llama Alquimia.  

Copio en mi blog el texto de hoy, traducido por Diego Chozas Ruiz-Belloso con ilustración de María Isabel Mas. Hay caminos que se encuentran y este texto -y algunos muchos de Coelho-, se reúnen con los míos y bailan.

“Todo se mueve. Y todo se mueve con un ritmo. Y todo lo que se mueve con un ritmo produce un sonido. Esto está ocurriendo aquí y en cualquier lugar del mundo en este momento.Nuestros ancestros percibieron esto mismo, cuando procuraban huir del frío en sus cavernas: las cosas se movían y hacían ruido.

Los primeros seres humanos tal vez advirtiesen esto con espanto, e inmediatamente después con devoción: comprendieron que ésta era la manera que una entidad superior tenía de comunicarse con ellos. Empezaron entonces a imitar los ruidos y los movimientos de lo que les rodeaba, con la intención de comunicarse también con esta entidad: el baile y la música acababan de nacer.

Cuando bailamos, somos libres.

Mejor dicho, nuestro espíritu puede viajar por el universo, mientras el cuerpo sigue un ritmo que no forma parte de la rutina.

Así, podemos reírnos de nuestros grandes o pequeños sufrimientos, y nos entregamos a una nueva experiencia sin miedo.

Mientras la oración y la meditación nos conducen hasta lo sagrado a través del silencio y del viaje interior, en el baile celebramos junto a otras personas una especie de trance colectivo.

Se puede escribir lo que se quiera sobre el baile, pero no servirá de nada: es necesario bailar para saber de qué se habla. Bailar hasta quedar exhaustos, como si fuésemos alpinistas subiendo una montaña sagrada. Bailar hasta que, en virtud de la respiración agitada, nuestro organismo pueda recibir oxígeno de una manera a la que no está acostumbrado, lo que acaba llevando a la disolución de la identidad, y a la pérdida de nuestras referencias del tiempo y del espacio.

Claro que podemos bailar solos, si eso nos ayuda a superar la timidez. Pero siempre que sea posible, es preferible bailar en grupo, pues unos estimulan a los otros, y acaba creándose un espacio mágico, con todos conectados en la misma energía.

Para bailar no es necesario aprender en escuelas: basta dejar que nos enseñe nuestro propio cuerpo, pues bailamos desde la noche de los tiempos, y eso no lo olvidamos. Cuando era adolescente, los grandes “bailarines” de mi pandilla del barrio me daban envidia, y en las fiestas fingía tener cosas más importantes que hacer, como quedarme charlando, por ejemplo. Pero en realidad lo que yo tenía era pavor al ridículo, y por eso no me arriesgaba a dar ni un paso dentro de la pista. Hasta que un día una chica llamada Márcia me dijo delante de todo el mundo: –Ven aquí.

Yo dije que no me gustaba, pero ella insistió. Todos los del grupo se quedaron mirando, pero como estaba enamorado (¡el amor es capaz de tantas cosas!) no pude escaparme más. Hice bastante el ridículo, no sabía seguir los pasos, pero Márcia no cejó en su empeño: continuó bailando, como si yo fuese un Rudolf Nureyev. Poco a poco, entendí que mi cuerpo se estaba libertando.

–Olvídate de los demás y presta atención al bajo –me susurró al oído. –Intenta seguir su ritmo.

Centré mi atención en el bajo. Y la sensación de libertad fue aumentando sin parar, mientras los demás iban perdiendo su interés en nosotros y nos dejaban en paz. Cuanto más se movía mi cuerpo, más se mostraba la luz de mi corazón, y más aprendía yo, no sé si conmigo mismo o con los fantasmas del pasado. Al final de la noche yo ya era otra persona: había vencido un bloqueo, y había conseguido una novia que sería muy importante en mi vida.

En ese momento entendí que no siempre es necesario aprender las cosas más importantes: éstas suelen formar parte de nuestra propia naturaleza. En la juventud, el baile es un rito de pasaje fundamental: alcanzamos por primera vez cierto estado de gracia, un éxtasis profundo, aunque los menos sagaces apenas vislumbren un grupo de chicos y chicas pasándoselo bien en una fiesta. Cuando nos hacemos adultos, y cuando envejecemos, tenemos que continuar bailando. El ritmo cambia, pero la música es parte de la vida, y el baile es la consecuencia de la penetración de este ritmo en nuestro ser.”

La siempre bailadora
 

तइका रमे

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