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“Los eslabones de la unión” o “los eslabones de la esclavitud”: ¿qué decides?

La pareja es un terreno de intercambio de poder y eso no tiene nada de malo en sí mismo. Los seres humanos somos seres políticos, necesitamos reglas y ejercicios de manejo del poder para lograr convivir con los demás, en sociedad. Lo delicado del ejercicio del poder es el para qué se usa y cómo. Sobre todo el cómo. Cuando el ego participa en tergiversar el uso del poder y volverlo una cosa monstruosa, que es la mayoría de las veces, es cuando la cosa se sale de control y comienza a hacer daño a la relación y a sus integrantes.

Estos intercambios o tratos de poder cuando se “egotizan” están cargados de esos asuntos de pasar facturas al otro, ver quién da más o menos y de “llegar” (a juro y con desesperación) al ideal de pareja que tenemos en nuestra mente (hacer llegar al otro a ese ideal mediante el mal uso del poder y/o nosotros presionarnos para lograrlo, en una especie de auto-tiranismo). La verdad es que una relación amorosa no se trata de quién da más o menos, quién presiona más o menos, sino de que ambas personas se sientan a gusto con lo que son. Poco importa si el tipo de relación que tienen es formal, informal, legal, ilegal, bien vista por los otros o mal vista, de fin de semana o sólo de vacaciones o cómo sea, el punto central del amor armonioso y sano es sentirse bien, estar pleno y compartir ese estado personal con un otro: la persona que amas y te ama.

Si tu pareja abusa del poder que tiene (porque normalmente en las relaciones todos tenemos un poder incluso las mujeres, ojo) es hora de preguntarte: ¿cuál es el intercambio o trato que hice con mi pareja? La mayoría no se pregunta esto nunca y vive y ejerce dicho trato de manera inconsciente, y la mejor estrategia es saberlo siempre y tenerlo claro desde el inicio de la relación, traerlo al estado consciente, sacarlo y ponerlo sobre la mesa de discusión. Un simple: ¿para qué estamos juntos?, con una respuesta muy precisa y concisa a la que puedan volver cuando las cosas se salgan del camino es muy útil. Concisa no por lo corto de la respuesta, sino por lo detallado de la descripción de lo que son cada uno de ustedes (o creen ser, por lo pronto), quieren ser (deseos, expectativas, sueños, lo que se quiere lograr individualmente) y eso (proyectos e intereses comunes) que les gustaría compartir con su pareja.

No es muy común en estos tiempos de afanes citadinos que las personas sean lo que realmente son, la mayoría habita bajo una máscara. La primera acción, para plantear el trato de poder o replantearse uno nuevo, tiene dos componentes importantísimos, uno, analizarte tú misma/o, ver si en esa relación tú eres quién eres o estás portando alguna máscara, y dos, sería averiguar si esa persona que vive contigo y a la cual amas – o con quién quieres estar – es quién tú crees y/o si está dispuesto a averiguarlo: a crecer contigo, juntos.

Una vez que lo descubran o por lo menos avancen y se comprometan en saber quiénes son, habría que ceder, el amor es siempre ceder, pero no ceder en la versión “sacrifícate aunque te pegue”, “sacrifícate aun cuando te maltrate”, sino en construir un trato que te permita ser y estar a gusto contigo misma/o, respetar y ser respetada/o. Para que un trato inicial o una nueva negociación -a mitad de camino- funcionen ambos miembros de la pareja tienen que ceder, ceder es bajar la guardia, entregarse de alguna forma al sentimiento, a la intimidad, y a mostrar la vulnerabilidad del ser humano. Ser vulnerable no es malo, todos y todas lo somos. Es querer transformarse, verse hacia dentro, es -en el amplio sentido de la palabra- compartir, compartir genuinamente.

Algunas veces cuando revisamos estos tratos de poder resulta que “tu hombre adorado” o “la mujer que te quita el sueño” ni quiere ni puede ni intenta ni nada, entonces viene el punto que yo llamo de no-retorno y tendrás que tomar una decisión, sí, por ti misma/o. Tomar la decisión de si quieres ¿sentirte bien y estar plena/o y COMPARTIR eso con otro/a? o ¿seguir sintiéndote así, triste y sola/o y FRUSTRADA/O?

Los seres humanos cargan sus historias encima, es inevitable, la de sus padres, la de la sociedad, la de sus anteriores parejas, las de los roles de género, son un sinfín de historias que –al que las tiene en su mente y en su corazón- le toca sentarse en una banca y pensar con qué partes de ellas se queda y cuáles deshecha. Los verdaderos CREADORES hacen sus propias leyes, son una especie de subversivos sociales, es decir, crean su propia revolución, un trato justo con la vida y con los otros desde adentro de sí mismos. Para esta tarea se necesita más que voluntad, no es un asunto de voluntad, se necesita un entendimiento profundo de lo que eres, de lo que has sido hasta hoy y de lo que quieres ser.

Lo que llamo punto de no retorno es cuando ya has empezado a sentirte triste, frustrada/o, sola/o, dolida/o, en ese punto es imperativo hacer algo: ACCIÓN, ACCIÓN. Averiguar si esos sentimientos obedecen a un asunto de tu ego que quiere controlarlo todo y no se siente feliz con nada, o si efectivamente tu relación está padeciendo de algún abuso del poder (por tu parte o por parte de tu pareja o por ambas partes). Si no puedes dilucidarlo sola/o, busca ayuda profesional, pero ya es hora de qué te enteres de si algún abuso del poder está afectando tu relación y tu vida.

El abuso del poder o el mal uso o el trato inequitativo (usa el nombre que quieras) generalmente tiene como sustento que cada uno de ustedes se coloca según sea la situación o en el puesto de la víctima o en el del (de la) tirano/a. Los roles se intercambian a menudo, y para que haya una relación así, inequitativa o desigual, ambos miembros de la pareja sufren del famoso: “no me siento a gusto con lo que soy”. Se piensa erróneamente que el tirano o la tirana es la mala semilla de la pareja, el o la que no deja que nada surja (se construya) y así, pero para que exista “quién irrespete” tiene que haber “quién lo permita”. No es un asunto de culpas sino de responsabilidades, de asumir las conductas y sus consecuencias, que cada quién se responsabilice de su parte en el trato “de poder”, de la forma en cómo quiere tratar al ser que ama y de cómo quiere ser tratado.

Entonces ¿QUÉ HAGO? ¿QUÉ HACEMOS?

Ha llegado el MOMENTO DE LA VERDAD, tú, si tú… ¿quién eres? ¿Qué hay bajo esas máscaras que te pones para amar? ¿Cuáles son tus miedos? ¿A qué le temes? Primero tú, después el otro/la otra, primero el otro/la otra y luego tú, de eso se trata compartir, darle lugar a esa persona, respetarla/o, ceder, verse y ver… existir: permitir que el otro o la otra exista: SEA.

Crear entre ambos un lugar subversivo donde amarse, entenderse y respetarse mutuamente. Ese lugar que es el amor mismo necesita de unas reglas justas, amables, equitativas. No se lastima lo que se ama, no se usa lo que se ama con generosidad, si tienes amor dentro de ti, jamás te sentirás usada/o, lastimada/o. Porque no se lastima lo que se ama, es decir, no te puedes lastimar a ti misma/o si te amas, y no puedes lastimar al otro o a la otra si lo/la amas, y para eso les urge saber quiénes son, ¿no crees?

Les urge saber si lo que los une es amor o algún tipo de dependencia emocional. Pregúntate: ¿quién soy? y sólo espera la respuesta, espera en silencio y con humildad, busca adentro de ti. Vive desde la premisa de saber quién eres, usa el poder para fines amorosos, el poder es una regla de negociación, es un trato amable que exige compromisos profundos con una misma, uno mismo, y con los demás.

El poder es bueno, es un medio para amarse, para relacionarse, cuando se tiene claro como se usa y para qué, si tu meta y la de tu pareja es sentirse plenos por sí mismos y en pareja nada puede salir mal y en el caso de que salga mal habrá posibilidades de renegociar y volver al camino del amor: del verdadero… mas si tu pareja no quiere lo que tú quieres, si no quiere amar y ser amado/a, si NO está dispuesta o dispuesto a APRENDER a amar contigo… es mejor que decidas ya y votes tú por ser en paz individualmente y luego en pareja pero con otra persona: ¡HAZLO YA!

Con todo respeto y amor,

Nadir Chacín

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