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Me confeso devota de las cartas del Tarot, son instrumentos para mejorarse, para verse hacia dentro y crecer.
Hay etapas de la vida cuando todo sucede, es como un huracán que te desvasta para luego arreglarte y poner las piezas del rompecabezas en orden. Hay tres cartas del tarot que ilustran muy bien este proceso y lo que viene después: La Torre, La Muerte y La Rueda de la Fortuna. Son arquetipos muy fuertes, determinantes, y que por la forma en que vivimos la mayoría de los seres humanos -con nuestro ego dirigiendo la vida- los significados de estas cartas suelen percibirse como algo malo.
La Torre, el arcano 16, muestra una construcción hecha por el humano, una representación física de los elementos materiales (donde también están los pensamientos y las emociones que supuestamente hacen al humano todo-poderoso). Representa lo que construimos para ver la vida “desde lo alto”, para sentirnos seguros y protegidos. Quizás lo más relevante sea que su inminente destrucción nos permite subirnos a ella, elevarnos, caernos, y ver las cosas como si sucedieran sin nosotros. Como si le pasaran a alguien más pero no a nosotros (el observador consciente). Obligarte bruscamente a esta labor crítica de tu vida es la misión de La Torre durante una lectura de cartas.
Nos remite a la prisión de lo material, esa que encadena el espíritu a las tenencias y apegos materiales. Es algo no-natural, construido, ésta es una clave importante en la interpretación. No naciste con tu torre, se fue creando, la fueron y fuiste creando, digamos que es aprendido, todo lo que la edifica es aprendido. La Torre es la identificación que tenemos y que hacemos con lo material, con aquello que pensamos, creemos que somos, que tenemos y hacemos, creemos falsamente que somos sólo eso. Es el exceso de orgullo, fuente de todos los males y sentimientos negativos. Es además lo que se ha construido socialmente, para fines de socialización: las etiquetas, los roles sociales, las diferencias que nos separan a unas personas de las otras, allí cada quien se sube a su torre y se piensa diferente, protegido, separado, único. Hemos creado conceptos e ideas que nos limitan y separan, y creemos que nos protegen pero realmente nos aíslan de nosotros mismos y de los demás.
En la versión más usada del Tarot, Rider-Waite, en la parte de arriba de la carta se ve un rayo destructor que viene del cielo y que arrasa con la parte superior de una torre mientras dos humanos -una mujer y un hombre- caen de ella. Simboliza la caída del ego humano, su quiebre. Los humanos que caen de la torre son los que participaron en su construcción, eres tú y somos todos los humanos. Una fuerza (evento, situación o persona) superior y repentina, inesperada, explosiva, te hace un llamado a la transformación, ésta sólo es posible a través de la ruptura de tu identificación con el mundo material (ideas, emociones, pertenencias, apegos, etc.). Es aquello sagrado que te pide abandones tu torre y crezcas hacia dentro de ti mismo, te insta a empezar de nuevo. Eso sagrado puede ser algo externo, pero también hay crisis que vienen de adentro de uno mismo. Es común que pongamos la razón en el exterior, pero casi siempre la motivación o causa de las crisis es interna, y allí, dentro de tí, es donde está la respuesta. La diferencia con las otras cartas que describen procesos parecidos (La Muerte y La Rueda de la Fortuna), es que en La Torre el cambio es sorpresivo, no gradual, y no te da chance de prepararte, por eso es tan, tan doloroso. Puede ser una ruptura amorosa, la caída de un proyecto al que le habia puesto mucha ilusión, un divorcio, una muerte de un ser querido, una enfermedad que se presenta de improviso, una idea que tienes que te “ataca” obsesivamente, una crisis de motivación profesional, un cambio repentino de oficio.
Este arcano nos recuerda a la famosa Torre de Babel, por esta razón también es interpretada como sinónimo de “confusión”. La construcción de esta mítica torre se relata en el Génesis de La Biblia y su destrucción en el Apocalipsis. Se cuenta que los hombres después del Diluvio la construyeron para alcanzar el Cielo, y Yahveh (Dios) para hacer fracasar sus intenciones (su orgulllo de creerse “divinos” o de acercarse a “lo divino”) confundió las lenguas de los contructores para que no pudieran entenderse entre sí. Al no poder comunicarse, abandonaron su proyecto y se dispersaron en diferentes direcciones, así se repobló la Tierra. La escena de su destrucción generalmente fue representada por las artes con grandes vientos y rayos salidos del cielo, como los que lucen en la mayoría de las versiones del tarot. No se puede dejar de decir, la torre también es un símbolo fálico (se parece al pene), alude a las facetas “masculinizadas” de la vida en las que se te revuelve tu complejo de superioridad y tu relación desequilibrada con el poder se vuelve contra ti. Es un llamado a reflexionar sobre cómo manejas el poder (la ira o tu agresividad) y donde te colocas como persona en relación con los demás. Sentirse superior o inferior, siempre encierra la misma falsedad: creer que eres diferente, único.
La Torre te hace renacer con un nuevo modo de sentir y de pensar. Es una oportunidad-crisis para volver a crear sobre nuevos cimientos o sobre alguna parte de los viejos. Cuando no estás consciente vivirás La Torre y su destrucción como una desgracia, una fatalidad, seguirás dormido, dormida. La Torre posee también tres ventanas en su estructura (repartidas en forma de pirámide) y en algunas cartas también una puerta (mazo tipo Wirth), las cuales representan la apertura espiritual necesaria para afrontar el cambio y tu crisis. No eres una víctima del destino, ni de la vida que te ha destruido y que ahora se ensaña contra ti, al contrario si miras las situación con los ojos claros y el corazón dispuesto será un renacer, “resurgirás de las cenizas como el ave fénix”. ¿Qué quién es el ave fénix? Cuenta la leyenda que era un ave mitológica que podía renacer, era inmortal. Nos habla de la superviviencia (también de la trascendencia, la anulación del tiempo calendario), de cuando renacemos a la gloria eternos y purificados. Los egipcios le decían Bennu que significa: “Él que se convirtió en Ser por sí mismo”. Los griegos lo conocían como Phoenicoperus. Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido y ponía un único huevo, lo empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. Se quemaba por completo y se reducía a cenizas. Luego la misma ave Fénix nacía de su propio huevo: única y eterna. Se decía que esto ocurría cada quinientos años. Puede que tus crisis sean más frecuentes, pero el tema es que en tí mismo está clave de tu resurrección, sí, eres un nuevo y moderno Bennu. Te invito hoy a poner y empollar tu propio huevo.
La pregunta más importante en estas fases críticas de la vida sería: ¿cuáles son los materiales con los cuales construiste tu torre?, sí, esa que ahora se destruye ante tus ojos, para tu sorpresa. En la respuesta encontrarás lo que sí y lo que no, eso que deseas conservar para tu nueva vida y eso que deseas botar a la basura, pero no sin antes haber visto, analizado y comprendido el proceso, haberlo superado, redimido. La intensidad dolorosa tendrá la justa medida de tu actitud ante la crisis. Si reconoces que la destrucción ocurrió porque era necesaria y “abrazas” el cambio o al menos tratas de encontrarle el lado positivo el cambio será menos traumático. Pararse a mitad del camino y cambiar de dirección puede hacerte sentir una pacífica liberación. ¿Que por qué lo aseguro?, porque -como a tí- ya se me han destruido muchas torres.
Otras cartas: La Rueda de la Fortuna, Los Enamorados, El Diablo.

Porque el cambio es lo único constante,


Taika Ramé
तइका रमे

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