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“La ciencia y la tecnología modernas no sólo se basan en una actitud hostil hacia el ambiente, sino también en la represión del cuerpo y del inconsciente; y a menos que éstos puedan recuperarse, a menos que la conciencia participativa pueda ser restaurada de un modo que sea científicamente (o al menos racionalmente) creíble y no meramente una recaída en un animismo ingenuo, entonces el significado de lo que es ser una criatura humana se habrá perdido para siempre.”
El Reencantamiento del mundo, Morris Berman

La figura de El Diablo es quizás de todas las cartas del Tarot juntito con La Muerte de las que dan más miedo cuando aparecen en una lectura. Los invito a repensar esa figura en un ejercicio de revisión no sólo de la sexualidad sino del tan nombrado lado “oscuro” de todo ser humano (nótense las comillas). 
El Diablo aparece en los diferentes tipos de barajas como una figura grotesca y bien fea en el centro, un demonio con alas de murciélago y cachos de carnero, parece una figura masculina que está sentada sobre un pedestal, pero en muchas de las cartas tiene senos de mujer (sobre todo se le notan en los mazos: Wirth, Visconti-Sforza y Marsella). Este detalle de la imagen es “externidad”, estética, trata de confundirnos, hacernos pensar que no existe, que no tiene género, que es y no es.
Esta carta se asocia con el yo imaginario, el lado “oscuro” de nosotros mismos, la inconsciencia, el ego y la “independencia” que se construye desde la soberbia. En el mazo de Visconti-Sforza, la figura revela una conexión interesante, El Diablo tiene un aire a las representaciones medievales del “perfecto salvaje”: el hombre no civilizado.
El Diablo eleva una mano abierta (la mayoría de las veces la derecha) y en la otra sostiene una espada (Marsella), a veces sostiene una antorcha encendida (Wirth y Rider-Waite) o un garrote (Visconti-Sforza). Generalmente apunta al suelo cualquiera de los dos objetos y una única vez los sostiene simplemente con sus puntas hacia arriba (Wirth). Lo interesante es la simbología, una antorcha, una espada, mientras que otras figuras del tarot como El Mago sostienen una varita mágica que recuerda la conexión con lo divino, El Diablo manipula elementos de destrucción y de violencia. Los objetos del El Diablo son también fálicos. La mano abierta a veces (Rider-Waite) trae dibujado el símbolo de saturno, que se asocia con el dolor.
En el mazo de Wirth, la figura central trae unas palabras escritas en latín sobre sus brazos extendidos Solve et Coagula (solución y coagulación), es un término medieval usado por Los Alquimistas. Durante la trasmutación de cualquier metal en oro, en la fase de “la solución” los elementos se separan y en la de “coagulación” se vuelven a juntar ya transformados. Se puede interpretar como “limpiar y renovar”, limpiar lo viejo y hacer espacio para lo nuevo.
Esta parte medieval es interesante porque nos remonta hacia los siglos XVI y XVII, época en que triunfó el paradigma cartesiano y el ser humano perdió su consciencia participativa. En el paradigma anterior se sabía que las fronteras entre el sujeto y el objeto eran difusas o no existían, la separación entre espíritu y materia  (propias del Materialismo y del Racionalismo) condenó al humano a no poder relacionarse con la realidad como lo haría un amante apasionado: con todo su cuerpo y de manera directa. Eso marcó un cambio radical, se dejó de creer que el cuerpo era una frontera artificial (como en esencia es), y que Todo está interrelacionado, todo lo vivo está junto.
El viejo saber (donde el hombre era un participante activo de la realidad) sobrevivió en las tradiciones alquímicas y mágicas (paganas) pero la revolución científica y tecnológica sembró la base de todas las futuras y actuales patologías humanas (pathos): la división entre el observador y lo observado. Se cercenó el sentido “erótico” de nuestra relación con la realidad.
Debajo de la figura demoníaca suelen estar una pareja (hombre y mujer) de “humanos” encadenados a su pedestal, los mantiene esclavos mediante la fuerza irrefrenable de la atracción sexual que tienen dentro y sienten, simbolizan el poder de la seducción, de la tentación, de las pasiones carnales descontroladas, es también un estado mental controlado por un impulso ciego, una obsesión.
Los seres humanos no son completamente humanos, en casi todas las cartas, simulan las características físicas de su amo; tienen orejas animalescas, patas de cabra, cachos, están desnudos, en el mazo de Wirth son literalmente unos demonios más pequeños. Las figuras de esta carta, todas, recuerdan a los Sátiros, criaturas de la mitología griega, que eran mitad hombre, mitad carneros, con orejas puntiagudas, cuernos, mucho pelo, cola de cabra, nariz chata y penes con erecciones casi permanentes. Sus erecciones duran más tiempo de lo habitual, volviéndose una condición dolorosa, y suceden en ausencia de estimulación física o fisiológica. Perseguían a las ninfas, actualmente diríamos que las acosaban sexualmente. Eran alegres, fiesteros, disfrutaban de los placeres carnales, del buen vino, de las mujeres y de los jóvenes, su carácter era tan eufórico que podían resultar violentos. Su imagen encarnaba la fuerza vital de la naturaleza, de todo lo vivo. Es lo vivo que se abre paso “a dentelladas”, a la fuerza, es la vitalidad y -una llamada de atención- para equilibrarla cuando está descontrolada.
La tarea principal de este arquetipo-carta (al igual que la de tu ego) consiste en expandir al máximo el principio de desastre en ti, de corrupción, incluso hasta el límite de la autodestrucción, porque busca desesperadamente y por el camino equivocado llenar (a cualquier costo) la dimensión que le falta (su lado con luz). Trata de eliminar la falta en un sentido psiconalítico, acabar con el vacío existencial.
La mano abierta de El Diablo parece recibirnos, decirnos que todo lo que queremos ya lo tenemos en esa dimensión “oscura” de nosotros mismos, es una mano abierta que engaña. Todos estos significados suelen generar angustia, miedo, pero la energía sexual ha sido considerada por muchas tradiciones antiguas como similar o igual a la energía creativa, espiritual.
El secreto es la canalización de esa energía, sentirla y saberla conducir hacia la realización de nuestra persona, es igual a la pasión que bien dirigida logra mover montañas.
El Diablo no es una carta mala, desastrosa, al contrario, es un recordatorio, un llamado al deseo y a la celebración y conducción del mismo pero en un sentido positivo. Esta carta complementa lo dicho en las anteriores, todo está en ti, la clave es cómo deseas utilizar lo que tienes adentro, lo que eres. El Diablo te recuerda que dentro de ti está la pasión y también la capacidad de destrucción, pero también te hace un llamado a desear, a dejar que la pasión viva y te llene de energía. Te dice: celebra tu cuerpo y sus sensaciones directas de la realidad. Pide revises tu racionalismo a ultranza y tu falta de fe en las cosas que no puedes comprobar científicamente. Es una invitación a experimentar con lo metafísico.
Por otra parte, en su significado está resumido el poder de tu imaginario (las cosas que imaginas y piensas), del inconsciente, el ego que dirige y que te hace pensar que no existe, que tu deseo se murió o al contrario que deseas tanto que es malo. Desear es la energía que mueve al mundo, desear no puede ser malo, malo quizás es lo que la gente hace con sus deseos y los medios que usa para realizarlos.
Últimamente he tenido muchos sueños con El Diablo, al principio me asustaba y decía qué me pasa, por qué esto ahora, luego le di un giro y entendí que tenía que trabajar y repensar mi sexualidad, en una dimensión más amplia: reflexionar sobre la pasión que habita en mí.
Decidir qué de mí se iba en cada intento de encontrar el amor y la pasión que deseaba a través de otros o de situaciones que buscaba, entonces decidí buscarlos dentro de mí primero. Primero adentro y luego afuera, porque desde adentro se crea lo de afuera.
La energía sexual puede llevarse a cada punto de tu cuerpo y más allá a esa dimensión no material que trasciende lo corporal. Hay lecturas muy interesantes en la filosofía del Tao, y en eso que llaman sexo tántrico, hay muchos ejercicios que puedes hacer para retroalimentarte de esa energía, se pueden hacer en pareja o individualmente, el punto es canalizarla y usarla para curarte. No sólo curar tu cuerpo sino tu alma.
 
Por una sexualidad más libre,
Taika Ramé
तइका रमे
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