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Acabo de responder un mensaje que me dejaron en el blog y me hizo pensar que invariablemente en las angustias humanas actuales siempre está en el medio el asunto tecnológico. Siempre mis lectores hacen referencia a llamadas y mensajitos, a mails, y así.

La tecnología aligera muchas cosas, hace la vida más fácil en muchos sentidos, pero también es neurotizante. Esa manía por ejemplo de checar el celular cada 5 minutos, de ver la lista de mensajes enviados y releerlos todos, de no poder comer con alguien sin poner el celular sobre la mesa, qué horror. La verdad es que de pronto uno se reconoce ADICTO al celular, o al mail, o al internet, o a los chats.

El punto es que son medios que sirven para dejar la realidad por un momento, te aíslan, se adueñan de la mente mientras estamos dependiendo de ESA LLAMADA, de ESE MAIL que me hará feliz o que hará mi vida mejor. La tecnología se convierte en un ESCAPE de la realidad y en un distractor presente muy presente.

Dime cuántas veces has estado comiendo con alguien y el celular le suena cada 5 minutos, el tuyo también te suena a cada rato, ambas personas hablan por el celular, y entonces entre llamada y llamada tratan de ponerse al día con la vida de cada quién, pero el celular suena… suena… suena y entonces pasa la hora de la comida y cuando te vas a casa ni te enteraste de la vida del otro, ni siquiera te enteras de qué tenía que contarte, todo se esfumó entre una llamada y otra.

Así pasa también cuando es domingo y en vez de irte a caminar al parque más cercano te conectas al internet, navegas sin parar pasando de una página a otra, primero muy concienzudamente buscas algo específico, luego sólo navegas sin más, ni sabes qué buscas, al final te aburres pero no puedes dejar de poner palabras al azar en google mientras checas tu buzón de entrada como vil paranoico esperando que él o ella te escriba.

Es nefasto, qué pasó con la vida en los parques, con las idas a pasear tomados de la mano o paseando a tu perrito, qué pasó con la tarde sencilla cuando uno se ponía en la ventana  a VER LLOVER, SIMPLEMENTE  A VER LLOVER.

Ahora pocos salen a caminar en las ciudades, todo es en auto o coche, distante, lejos del otro, lejos de las personas y más cerca de la tecnología. Hacemos protestas por todo, pero son pocos los que protestan porque van a un parque un domingo a las 9 am y no hay nadie… ¿por qué? La tecnología ha sido muy útil, no digo que prescindamos de ella, pero OJO, una cosa es que la usemos y otra cosa es que ELLA NOS USE A NOSOTROS.

No hay día en que la tecnología no esté presente, desde que te levantas hasta que te acuestas, pues yo digo que hay que tomarse unas horas SIN TECNOLOGÍA al menos una vez a la semana, sería mejor diario, pero con que sea un rato a la semana algo hará por ti, y por el resto de las personas del mundo.

Salgamos a un parque y sentémonos en un banquito, allí sin más, en mi ciudad se escuchan los pájaros, es raro porque es una ciudad inmensa, pero cuando voy a pasear escucho pájaros, es tan bonito.

La música es una buena cosa, porque no te aliena, no te saca del mundo, sobre todo si es una música tranquila. Los pájaros hacen música de forma natural, qué maravilla.

Yo también canto, seguro dirán mis vecinos que canto terriblemente (y les doy la razón la verdad), pero si hay algo que me gusta es poner música y cantar en las mañanas.

Ahí cuando estés cantando en estos días, dedícame una estrofa canturreando como pajarito…

Yo desde aquí escucharé… y te responderé con un lalalalalralaalalalala desafinado pero FELIZ

तइका रमे

 Ilustración de Myriam Holgado para El hombrecito verde y su pájaro (Buenos Aires, Colihue, 1987)

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