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A las princesas de cristal

 
Testimonio de una mujer “con carnes”

En mi país natal Venezuela, hay un culto por la delgadez y por la belleza física, la mayoría de las mujeres se operan todo, especialmente nariz y busto. Cuando era adolescente siempre fui gordita, no era obesa, pero sí caderona y con los muslos anchos.

Me preocupaban los kilos de más porque en la escuela se burlaban de mí y algunos amigos me decían “bolita de mierda”. Antes de que me desarrollara era muy flaca, hice gimnasia olímpica durante muchos años, pero la menstruación me vino a los 10 años y comencé a aumentar de peso. Mis amigas jugaban, brincaban en el patio durante el recreo mientras yo corría al baño a cambiarme la toalla, ¡un horror!
Cuando me bajó pensé que era una freak porque a las demás no les había venido todavía. Una amiga cuando teníamos 15 años lloraba porque pensaba que era estéril y su mamá la consolaba diciéndole “cuando te baje vas a pensar ojalá no me hubiera venido nunca”.
Con el pasar de los años mi figura se fue transformando (ahora pienso que para bien), pero en ese entonces me parecía que tenía los senos muy grandes. Era una bola con otro par de bolas en el tren delantero.
A la edad de 19 años me embaracé y aumenté 13 kilos de un solo golpe, cuando nació mi hijo a los 4 o 5 meses ya estaba de nuevo en mi peso: o sea gordita.
Nunca me gustó mi cuerpo hasta entrados los 25 años cuando descubrí –luego de un amplio estudio de mercado– que a los hombres les gustaban las chicas “con carnes”, sí, LES GUSTAN.
Fue increíble, por primera vez mis gorditos eran un punto a mi favor.

Decidí hacerle caso a los resultados de la investigación y mi actitud cambió. Me di cuenta que una cosa es ser obeso, gordo y tener problemas de salud, y otra muy diferente es ser rellenito. Yo estaba y estoy rellenita, es decir, tengo “las carnes bien puestas”. Me sentía más atractiva y las cosas comenzaron a funcionar con el sexo opuesto.
Cada día más hombres se anexaban a mi base de datos con sus testimonios a favor de las mujeres caderonas, voluptuosas, y aunque yo veía puras flacas en los anuncios publicitarios, ellos me seguían diciendo “me gustan rellenitas porque tienen donde agarrar”. Continué anotando puntos y mi relación con mi cuerpo se volvió más libre.

Hoy sigo mi investigación y los datos a favor de las “carnes” aumentan, aumentan estrepitosamente. Frente a un mundo mediatizado donde la belleza femenina es sinónimo de “huesos”, el mundo cotidiano, el de las relaciones humanas, sigue apostándole a lo natural, a ser fresca, comer sanamente y tener tus llantitas por qué no. Ha sido todo una revolución para mí y ahora que piso casi los cuarenta continúo sintiéndome orgullosa de la forma de mi cuerpo. Una mujer como en las pinturas del Renacimiento.

Sigo convencida: los clásicos nunca pasan de moda.

Taika Ramé
तइका रमे

Anexos:
*Lee la segunda parte de este artículo en: Mia, Ana, thinspo, wanabes (2da. parte) 
*Recomiendo el excelente post Ana y Mía: las princesas de cristal en Internet, de mi amiga La Milagrosa (su blog: Enred2).
*Me estoy leyendo un libro buenísimo El libro de los secretos de Deepak Chopra, allí explica muy sencillo cómo funciona a nivel biológico el cuerpo y todas nuestras células. Hace comparaciones sobre el desarrollo y funcionamiento de cada célula y cómo sería recomendable que viviéramos los humanos: como si fuéramos células. Habla de la sabiduría ancestral del cuerpo. Dice frases como “la conducta que aniquilaría a nuestros cuerpos en un día es la que hemos adoptado los seres humanos. Hemos traicionado la sabiduría de nuestros cuerpos y, peor aún, ignoramos el modelo de una vida espiritual perfecta”.

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