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¡De regreso a casa! Hogar, dulce hogar.

Veamos qué sucede cuando se terminan las vacaciones y qué hacer para no deprimirse por ello.

Las vacaciones se han terminado ahora. ¿Qué se siente? Pues la verdad es que la mayoría de las personas sienten tristeza, como si se hubiera terminado el encanto de estar libre y sin trabajo, de estar descansando. Algunos dirán: ¡de vuelta a la cruel realidad! Tan conocida es esta sensación que hasta tiene nombre, los psicólogos le dicen síndrome postvacacional (o depresión postvacaciones, síndrome de la vuelta al trabajo, estrés postvacaciones, SPV). Algunos síntomas del SPV son: fatiga, dificultad de concentración, desánimo, tristeza, irritabilidad, ansiedad, insomnio y trastornos digestivos. Esta sensación es similar a la que experimentamos muchos lunes al volver al trabajo o estudios, pero en este caso dura varios días. Incluso es lo mismo que sienten los niños en el regreso a clases luego de unas largas y felices vacaciones.

¿Qué es lo que produce este choque psicológico y emocional?

Algunas personas durante las vacaciones pierden el contacto con “su realidad”, es decir, usan las vacaciones como se usan la TV, las drogas o el alcohol: para evadirse de su vida, de su presente. Mientras están de vacaciones sucede una especie de ensoñación, se crea un mundo irreal, un oasis donde los problemas cotidianos no existen, desaparecen. La verdad es que lo se crea no es tan diferente de lo que vivimos normalmente, me explico.

En la India se dice que la realidad que vemos y vivimos es maya, es decir, una ilusión creada por nuestros sentidos y por la percepción. El 99,99% de nosotros vive eso, una ilusión de vida, porque la verdadera vida queda oculta detrás de las máscaras y las apariencias. Digamos que durante las vacaciones lo que hacemos es cambiar de ilusión solamente, creamos una nueva, algo menos quejumbrosa y con problemas que la que vivimos todos los días pero ilusión al fin de cuentas. ¿Qué implica vivir en maya? Que estamos todo el tiempo en piloto automático, pensando obsesivamente, repitiendo viejos patrones de vida y de pensamientos, casi sin darnos cuenta. A eso se le llama maya, es la repetición inconsciente.

En vacaciones nos permitimos cambiar la ilusión pero la verdad es que no hemos salido de ella. El cerebro y nuestros sentidos confunde esa ilusión con la realidad, y como hemos vivido tanto tiempo creyendo que esa es la única realidad que existe, pues seguimos viviendo en ella sin cuestionarnos nada: ¿qué hay más allá?, ¿quién soy y qué quiero?, ¿cómo vivo?, ¿me gusta como vivo?, etc., etc.

Como veíamos antes, en la tercera parte de este artículo, las vacaciones pueden ser un tiempo interesante para apreciar el presente y no disfrazarlo. Sólo si esa tarea se hace voluntariamente y conscientemente surte el efecto tranquilizador. En otras palabras, lo que suceda después de tu viaje tendrá que ver necesariamente con cómo viviste el viaje, con cómo viviste el antes del viaje y, sobre todo, con cómo vives la vida todos los días, la mayor parte del tiempo. Ese patrón con el que vives, TU patrón, si te hace feliz es bueno si te hace sentir triste, angustiado o deprimido en alguna fase del viaje o en la vida en general pues te recuerdo que lo creaste tú, así que en el momento que lo decidas puedes crear otro, uno nuevo, que te haga sentir en paz.

Los patrones viejos son testarudos, digamos que están profundamente arraigados (enquistados) y se nutren del flujo de tus pensamientos repetitivos, también tienen que ver con viejas herencias familiares. Sirve preguntarse (no importa cuándo pero hacerlo): ¿cómo vivían las vacaciones mis padres cuando yo era niño(a)?, ¿Cómo la viven hoy mis padres?, ¿cómo las vive mi pareja, mis hijos? Al revisar eso quizás surjan las respuestas o consejos que necesitas, pero si no surgen, si no entiendes de dónde viene lo que sientes, decide de todas formas hoy sentirte de otra manera. A veces nos empeñamos en entender el pasado, pero lo más importante es tomar acciones en el presente, poco importa si entiendes lo que pasó antes o no. Así que si no entiendes, igual hazlo, crea nuevas dimensiones de vida para ti hoy.

Si realizaste una interiorización profunda en tu viaje, si te diste chance para apreciar y disfrutar el presente, observarlo todo y disfrutar del cambio temporal, y al regresar a casa te sientes triste, pues déjalo ser, qué más da. No hay nada de malo en sentirse triste, quizás extrañas lo bien que te sentías sin tus preocupaciones diarias. Date chance. Tal vez un par de días, una semana, para agarrar el ritmo nuevamente.

Si por el contrario el viaje fue una pesadilla y no lograste dejar las preocupaciones atrás pues en buen momento para cambiar el patrón y hacer uno nuevo. Si creaste una ficción de tus vacaciones, un oasis, un modelo irreal de vida al cual te aferraste y ahora que regresaste se te rompió, pues también es buen momento para cambiar y decidir que ni tus vacaciones ni tu vida diaria sean maya, una ilusión. ¿Por qué sé que es un buen momento hoy para reaccionar y volverte más consciente? Porque hoy es el único momento en el que vives, así de fácil.

¿Qué hacer ahora? Agárrate con calma el regreso de las vacaciones. Relájate. Trata de no regresar de tus vacaciones un día lunes, sino regresa en viernes. Así tendrás el fin de semana para normalizar tus ritmos biológicos, para drenar en tu casita lo que sea que sientas, allí estarás protegido y en familia, en un sitio conocido y muy tuyo. El ambiente laboral que tienes puede que te encante o no, pero lo que si tiene de seguro es que no es tu casa y allí no puedes drenar lo que sientes en el momento en que lo siente. Prevé eso y regresa en viernes.

Es mejor no tener tantos días de vacaciones pero poder regresar en viernes o en sábado a más tardar y darte chance de recuperarte. Cuando no lo hacemos la primera semana de trabajo se hace muy, muy larga, no sólo porque podemos estar algo tristes, sino porque las vacaciones también cansan físicamente, si viajas lejos tienes el famoso cambio de horario (jet lag), tu cuerpo requiere adaptarse de nuevo y tu alma también. No te niegues esa posibilidad y organízate antes cuando pidas las vacaciones. Piensa que esos días en casa serán como una extensión de tus vacaciones pero en casita, no lo veas como que estás sacrificando tus vacaciones, no es así, porque es probable que eso te evite sentirte mal durante todo un mes o quizás más al regresar del viaje.

Si tienes hijos y has viajado con ellos, procura organizar que al regreso de vacaciones alguien cuide de ellos, quizás los abuelos, los padrinos o en dado caso una babysitter, pero planéalos antes para que ese fin de semana antes de empezar a trabajar realmente estés tranquilo(a). Si no hay quien los cuide busca un vacacional de fin de semana, los hay, quizás implique una inversión más grande de dinero pero bien vale la pena sobre todo si la pareja sigue junta, podrán darse unas vacacioncitas breves en casa pero sin niños. No sólo será bueno para ambos por separado, sino para la relación de pareja en sí misma.

A mí me gusta acomodar cosas en casa, cuando regreso de viaje, ordeno cosas sí… esas que nunca arreglo por falta de tiempo o de ganas. Algunos dirán que estoy chiflada pero a mí me sirve hacer algo físico y ponerle toda mi atención a eso. Es como si fuera una meditación en movimiento. El truco es hacerlo de manera muy consciente, es decir, si eliges lavar el baño detente en cada acto, siente el olor del jabón, el agua como cae, lo bonito que quedó después, sentir todo como en cámara lenta. A mí me ha dado buenos resultados cuando regreso de vacaciones y me entra un poco de tristeza.

Lo otro que hago es escribir, como ahora, estoy regresando de mi viaje a Europa y estoy feliz, pero por momentos me pongo triste, también me pasó antes, durante y después del viaje que tuve momentos repetitivos de viejos patrones. Yo en vez de tirarme al foso y pasármela mal, decidí que este viaje sería diferente y escribí lo que siento y lo que le pasa a muchas personas en todas las fases de las vacaciones. Tuvo éxito mi plan, estoy triste porque regresé pero no sufro, que es algo muy diferente. Mi viaje fue maravilloso para mí, maravilloso para mi pareja, encontré viejas amistades, recargué mis baterías y estuve en contacto con mis lectores que no paraban de escribirme. Gracias.

Gracias también a todas las personas que nos recibieron en sus casas, cuando llegas a casa de un(a) viejo(a) amigo(a) o de uno(a) nuevo(a) que recién conoces, todo es más fácil… el amor y la paz fluye.

Me encanta pensar que estas personas algún día viajarán y podremos recibirlos en nuestra casa y darles el mismo amor que ellos nos dieron. El avance de la tecnología tiene muchos méritos, bendigo al señor que creó los aviones por ejemplo. ¡Qué bueno es vivir en el siglo XXI!

Escribir siempre me ayuda y si de paso los ayuda a ustedes pues qué mejor regalo que ese.

¡Feliz regreso, amig@s!

Taika Ramé

PD amorosa: Gracias a Nicole Commels y sus amigos de Toulouse (Francia); a Alberto Bianco, Dominique Auzel y la familia de Alberto (Toulouse / Sicilia); a María Gabriela Saraullo (linda sarita) y su pareja -el cuoco- Stefano  (Roma), a Cao por venir a verme desde Moutier, a Claudia Apablaza e Ingrid Bergman (Marín) en Gràcia y a Cristian (el guapo) y Homar en Poblenou, los últimos nuestros anfitriones en Barcelona.

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