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 Nota introductoria.-

En mi búsqueda sobre cómo amar y ser amada decidí ponerme a investigar mientras trato de “accionar” el amor todos los días. Para poder amar hay que ver al amor como un “algo” que requiere no sólo de un flechazo inicial y del enamoramiento sino de conocimiento y esfuerzo, es decir, para amar hay que aprender cómo hacerlo y ponerlo en práctica en la vida (aún sabiendo que algunas veces nos equivocaremos).

Es un constante ciclo entre aprender y practicar como se obtiene la maestría en cualquier cosa, el amor es igual. Amar se aprende amando y también se aprende a través del conocimiento racional, así como estudiamos cualquier otro tema, podemos estudiar el amor. Creo que es un poco de ambas cosas, como todo en la vida, teoría y práctica. El amor es lo que tú creas y lo que ya está creando el Universo para ti.

He visto y experimentado el amor de diferentes modos, porque creo que en la repetición consciente (incluso en la inconsciente), en la búsqueda de las reinterpretaciones y en eso que emerge de improviso se encuentran las claves de la paz y las salidas del sufrimiento.

Con riesgo a ser repetitiva (no me importa) regreso al tema del amor en este blog como retorno a él en mi vida cada tanto: con más ganas de amar que miedo a hacerlo.

 

Qué es el amor

 “Las palabras que son estrictamente

verdaderas parecen ser paradójicas.”

Tao Te King, Lao Tsé

 

“Nos bañamos en el mismo río y,

sin embargo, no en el mismo;

somos nosotros y no somos nosotros.”

Heráclito

 

El amor es un arte, una acción que se decide, elige y requiere de una actitud de empatía, consciencia, respeto, esfuerzo, concentración, paciencia, admiración y también es una necesidad, claro, como respirar. Es todo eso simultáneamente. El enamoramiento producto del flechazo sólo se convertirá en amor genuino y compartido si ambas partes deciden y eligen a su contraparte y tienen una actitud personal y recíproca como la descrita arriba.

 

Para mí es más fácil saber lo que algo es sabiendo lo que no es, así que comenzaré por allí. El amor no requiere necesariamente de otro ser humano a quién amar, porque amar es algo que “eleva” a quien lo siente y se permite hacerlo sin esperar nada a cambio y sin sobrepasar los límites personales del amor por uno mismo. El amor es un equilibrio entre darse a uno mismo y dar al otro, a diferencia de lo que normalmente se cree que es “dar y recibir”. El amor es fundamentalmente DAR.

 

En la actualidad las personas creen más importante ser amado que amar y eso crea problemas muy profundos en las relaciones de pareja. El terreno del amor se convierte en una lucha constante por tener el amor del otro, no importa qué tengamos que hacer para ser amado y lograr mantener ese amor el mayor tiempo posible y en la misma intensidad. En el centro de esta manera de relacionarse también existe la idea falsa de que para ser amado hace falta hacer “algo”, es decir, se requiere hacer y tener para ser dignos de amor.

 

Así mismo el amor se ve obstaculizado porque creemos que no hay nada que aprender sobre el amor, que sólo basta con encontrar a quien te ame y a veces a quien a amar, en ese orden. Pareciera que la falta de amor en nuestras vidas tiene una única causa: no hemos encontrado aún a la persona adecuada, la que nos sepa amar tal cual somos. Creo que es mucho más que eso.

 

Pensamos que el amor para que sea amor ha de ser fácil y fluir casi mágicamente, sin esfuerzo, cosa que contradice el aprendizaje de cualquier oficio, arte o interés profundo en los demás ámbitos de la vida. Si queremos amar tenemos que tener la paciencia, la concentración, la decisión y el coraje de quien persigue un sueño y hace todo lo humano posible para alcanzarlo. El amor, sentirlo y poderlo dar, tiene que convertirse en un fundamento de vida, en un imprescindible. Amar tiene que ser una acción antes que cualquier otra “cosa”.

 

El amor, por otro lado, se ha convertido en un “objeto” a obtener en vez de vivirlo como una capacidad humana, dormida o no, pero capacidad al fin de cuentas. Hemos convertido a las personas en objetos, así como se compra un objeto atractivo se trata de “comprar” a una mujer o un hombre. Por eso el afán de conquista y de posesión. Es decir, el premio que se quiere conseguir ya no es un coche o una prenda de marca sino un humano, y el deseo de tener una pareja a como dé lugar se construye desesperadamente y de la misma forma en cómo deseamos una nueva computadora, una bolsa Gucci o cualquier otro bien material. Los cortejos funcionan como intercambios entre compradores y vendedores de mercancías, en ese terreno artificioso y falso es difícil que el verdadero amor surja y se construya.

 

Una persona específica no puede ser para otra un medio para (ser feliz, sentirse acompañado, mejorar su estatus social o económico, lucir un trofeo de carne y hueso, etc.) sino que ambos humanos son finalidades en sí mismas y en reconocer y sentirse conforme con eso está la clave del amor. Por eso para amar importa sentir que uno ya es todo lo que necesita, y que al amar compartimos lo que ya se es con un otro.

 

A veces cuando se está en el camino de saber quién se es se cree que necesitamos “algo” para ser, pero el punto es que eso que somos no se ha ido a ninguno lado ni necesita nada más sólo que esa verdad ha permanecido oculta para nosotros (gracias a la “pensadera” obsesiva y a las ideas falsas sobre nosotros mismos: el ego). Conocerse a sí mismo es precisamente quitar el velo que oculta la verdad y profundizar en ella, ver hacia adentro, tener fe en que se es sin mayores racionalizaciones o explicaciones.

 

El otro asunto es que hemos confundido ser amados con ser populares y con tener sex-appeal, es decir, con la capacidad de atraer la atención y la admiración de otros. Amar es con mucho otra “cosa”, no se trata de llamar la atención o de que los otros piensen bien sobre ti o sobre tu pareja, cuando amas a alguien lo amas en tanto es persona, humano, sin más, sin necesidad de una aprobación social de lo que sientes. En el verdadero amor, poco importa la belleza física o el estatus de alguien en la sociedad. En la vida diaria hay muchas comprobaciones de este hecho, sólo basta con mirar afuera por un rato.

 

El problema es que ese tipo de amor es muy raro, podríamos decir que el 99% de las personas nunca lo hemos sentido y tampoco tenemos patrones a seguir en nuestras familias ni progenitores ni amigos cercanos. De allí que se vuelve una necesidad, casi un must (deber), aprender sobre el amor como se aprende algo nunca antes visto, ni hecho, ni sentido. Hoy en día aprender sobre el amor es tan crucial como practicarlo. En esa unidad creada entre práctica y teoría surge la intuición como capacidad para discernir, como guía vital para ubicar entre muchos caminos el que tiene “corazón”. Un camino con corazón es el que te hace feliz y te llena de paz.

 

El amor es profundamente paradójico, no sigue la lógica ni las racionalizaciones, es tan parecido a la fe. Paradójico quiere decir que poco puede “entenderse” sobre él, siempre se nos escapa. Esta verdad trascendental no es excusa para que no tratemos de aprender cómo amar.

 

La diferencia entre dos personas, una obsesionada con el conocimiento y la otra que es creativa y libre mientras trata de obtener el conocimiento, radica en que la primera creerá que su tarea tiene un final, en algún momento se detendrá y supondrá que ya lo sabe todo, confundirá el conocimiento sobre el amor con el amor mismo. En cambio, la segunda persona, siempre seguirá aprendiendo, de antemano sabe que su tarea no tiene límites porque el amor no lo tiene, sabrá que todo lo que pueda saber sobre el amor no es el amor, así como entiende que todo lo que sabe sobre sí mismo no lo define.

 

El amor y lo que uno mismo es siempre guardarán un MISTERIO, eso es lo más apasionante de ambas dimensiones. Cuando amamos a otra persona realmente, también aceptamos el misterio que es. Si quieres conocer todo sobre él o ella y te obsesionas con eso (celos, manipulaciones, posesividad, etc.) sólo lograrás destruir a quien amas, al amor mismo y a ti. En definitiva, ese tipo de “amor” más que amor por otra persona es una mentira personal, es miedo hacia el misterio propio y no al de la otra persona. Cuando sientes miedo… el miedo es tuyo, es una reacción a algo en ti mismo y no en quién amas.

 

El amor es también un contrasentido porque dos personas que se aman se sienten uno pero sin dejar de ser dos. Para que la condición de amor sano se mantenga se requiere de que coexistan unidad y dualidad en la relación de pareja. Cuando la balanza se inclina hacia la individualidad o hacia la anulación de una persona en pro de la otra, la paradoja muere y el amor con ella. El amor en tanto arte requiere de la paradoja, del contrasentido, del misterio.

 

Para mantener la paradoja, el amor demanda de acción y no sólo de pasión. La acción es activa, hace, mueve, da, cuida. La persona es libre y decide dar, decide amar, decide fusionarse y a la vez mantenerse separada, abraza esa condición de paradoja incluso sintiendo el miedo a la soledad, a la muerte, a no ser amado de la misma forma. A pesar de eso da al otro y se da a sí mismo. Cuando una relación de pareja es movilizada por la pasión (amor pasivo) y la acción se anula (amor activo), el terreno amoroso se vuelve cárcel y las personas que lo comparten marionetas de sus compulsiones inconscientes.

 

Los celos, la envidia, la rivalidad, la competencia, la ambición entre otros sentimientos son parte del amor pasivo (la pasión), el amor activo (la acción) sólo puede darse en LIBERTAD, es un estar que fluye, tiene continuidad sanadora, ¡no es un arranque desenfrenado o un deseo súbito!

 

En el enamoramiento generalmente el sentimiento se vive de forma pasiva y no activa. Sentimos que queremos cambiar al mundo, que el mundo es igual a la persona amada, pero el tema central es traducir eso en acciones. La capacidad de transformar lo pasivo en activo es la clave de la continuidad de la relación, en ese paso de la dualidad inicial hacia la “unidad-doble”.

 

La capacidad para la transformación no es sólo cambios por los mismos cambios, no es sólo cambiar “las cosas” es cambiarlas mientras dejamos que esos cambios se interioricen y nos conviertan en personas más humanas. Creo, sin lugar a dudas, que el amor es algo que nos humaniza, nos vuelve humanos en el momento en que lo sentimos. Y  la verdad es que eso puede hacernos tambalear, porque ser humano también es ser complejo, es ser “algo” irracional al mismo tiempo en que estamos siendo racionales. Ser humanos es ser humanos amorosos, es ser paradójicos.

 

Como el amor no es sólo un sentimiento que nos une a una persona específica, sino una actitud ante la vida, es una orientación de nuestro forma del ver el mundo en que vivimos como totalidad, y no sólo un objeto que se tiene o se compra o una cosa que se hace. El amor cuando es genuino no es algo que se siente por una persona nada más, es una ampliación sin límites, el amante ama a todos, incluso a los que les dan miedo, y con su miedo, ama.

 

El amor es la facultad de “abrazarlo” todo, de “abrazar” a todos, más allá de nuestras propias creencias sobre los demás o sobre nosotros mismos, por eso si lo dejamos el amor puede ser un catalizador muy potente en nuestro crecimiento y entendimiento como humanos. Al amar únicamente al ser amado creemos que es una prueba de la cantidad y de la capacidad de amar, pero en realidad el amor genuino y profundo no puede ser dirigido a una sola persona. Recuerdo un amigo del trabajo que me dijo una frase muy hermosa con respecto a su novia, decía que estaba feliz de amarla a ella, porque junto a ella habría logrado amar más a su familia y sobre todo que ella lo había acercado a Dios. Amar hace cosas milagrosas en uno mismo, que van más allá del ser a quien se ama.

 

Tambalearse, sentirse vulnerable y con miedo mientras se ama, no es en sí mismo algo malo o bueno, simplemente es, pasa, sucede. El punto es qué elegimos hacer con lo que sentimos y también entender un poco que nos pasa realmente, no tiene mucho sentido culpar al ser amado por nuestros miedos, los miedos como el orgasmo es algo muy personal, es responsabilidad de quien lo siente.

 

Cuando el amor se convierte en reclamo hacia otra persona, “necesito que me rescate”, “que me castigue”, “que me aprecie y valore”, “que se siente orgulloso de mí”, y que si me porto mal también “se enoje conmigo”, eso parece más una relación con un padre castigador que con una pareja. Esto viene al caso tanto para hombres como para mujeres, es cuando el rol de los amantes o la pareja queda oculta bajo una relación insana de tipo padre e hijo en nuestra cabeza (en nuestros pensamientos). La relación paterno-filial insana sobrepuesta en la de pareja es el ideal mental, en otras palabras, es el esquema que guía y dirige las decisiones y acciones que tenemos en el amor, pero como el amor de pareja no es paterno-filial, ni puede serlo nunca, todo se enreda y se complica y terminan ambas partes sufriendo.

 

A veces son las mujeres las que se convierten en padres de sus esposos o parejas y a veces son los hombres los que fungen como padres de sus esposas o novias. El rol del padre insano, es un rol castigador, castrador, es el que obliga a cumplir el orden y los esquemas sociales más rígidos, es el ejercicio patológico y obseso del poder sobre otra persona. Como ejemplo de este rol mal llevado están la celotipia, la desconfianza, las amenazas, el manejo del dinero como un arma de poder, incluso el sexo puede ser una herramienta de control sobre otra persona.

 

Hay otra forma de relación que destruye al amor. Es la que tiene como guía la relación insana madre-hijo. La madre en este caso patológico protege, cuida, alimenta, “apapacha”, pero todo en cantidades asfixiantes. Es una madre que de tanto “amor” mal entendido se “traga” y  se “come” a sus propios hijos, los sobreprotege, no los deja ser ellos mismos, les dice cómo tienen que vestirse, comportarse, qué acciones les convienen y cuáles no, es decir es una madre que no deja libertad al hijo, no lo deja realizarse, no lo deja “respirar”. Algunas parejas se relacionan bajo este esquema, también ideático, mentalmente fijo y obseso, en el cual la esposa por ejemplo se vuelve la madre de su esposo o el esposo, la madre de su esposa. Igual pasa entre los amantes y novios. Estos caminos nunca llegan al amor que “se pega al cielo de la boca”, al amor definitivo, a la creación de una relación de pareja sagrada, basada en el respeto y en darle lugar a lo que el otro, a lo que el ser amado es.

 

Pasando a temas más candentes este tipo de relaciones basadas en los modelos citados arriba son un verdadero desastre, nadie quiere tener relaciones sexuales ni con su padre, ni con su madre ni con un hijo o hija. ¿O tú sí? Eso es la tumba de la pasión, de la acción sagrada que puede ser el sexo, y además deja culpas, malos entendidos y baja la líbido. Una persona que no ha podido resolver esta forma insana de relacionarse con el otro sexo por más que practique y aprenda técnicas novedosas en la cama nunca podrá sentirse bien a gusto con su sexualidad ni con su orientación sexual. Porque sí este tipo de modelos generadores de sufrimiento se dan en todas las relaciones incluso en las homosexuales, bisexuales y de cualquier otro tipo donde se unan dos humanos.

 

Entregarse por completo, amar sin miedo, depende de saber canalizar sanamente lo que sentimos hacia el otro sexo o hacia nuestro mismo sexo, también pasa por ver qué de los modelos patriarcales impuestos por la sociedad moderna han quedado “impresos” en nuestros registros mentales, en la forma de viejas y obsoletas creencias, estereotipos cansados. El miedo hacia el otro sexo o hacia el mismo tiene sus raíces en lo que según dice la sociedad “deben ser” las parejas para quien las tiene. Son parte de la esencia de lo que pensamos y creemos los hombres sobre las mujeres, las mujeres sobre los hombres, o los hombres y las mujeres sobre su mismo sexo. Para lograr una relación de pareja sana y feliz hay que revisar esos modelos TODOS, y decidir crear uno propio, subversivo y que tenga más que ver con lo que los amantes quieren y no con lo que dicta una sociedad. La sociedad NO siempre tiene la razón, aunque sean muchos quienes opinan que sí. Me inclino a pensar que la sociedad casi nunca atiende y protege al individuo.

 

El amor NO es satisfacción sexual, tampoco es un parche que nos pegamos en el alma para no sentirnos solos, tampoco es un “equipo” ficticio que elimina a las dos personas para conformar una amalgama que tiene que desear, hacer y querer lo mismo. El amor no puede ser ni es anular al otro y volverse un solo individuo. Un equipo sano de pareja es el que complementa las diferencias, y no olvida que las hay, pero a pesar de eso busca puntos de encuentro comunes, puntos que maximicen lo que ambos son, quieren y desean en una misma dirección amorosa, pero desde el respeto y la empatía.

 

Entonces ¿cómo se logra amar? Amar se logra con ESFUERZO, con DISCIPLINA, con AUTOCONOCIMIENTO. Se logra integrando la vida, es decir, siendo disciplinado en todas las fases de tu vida, sabiendo que el amor es tan sólo una de ellas. El o la que es un desordenado e inconsciente en el trabajo no puede serlo en el amor, es igual que el que trata mal a su vecino y lo desprecia no puede luego ser una persona amorosa con su pareja, eso no existe.

 

Somos seres humanos completos y nuestros ámbitos están conectados. El amor que sientes por alguien mejora no sólo tu vida de pareja sino tu relación con la vida misma, con tu trabajo, con tus hijos, con Dios, con tus hobbies, si eso no sucede pues lo que sientes no es amor genuino, estás en proceso. Entonces se da igual en sentido contrario, el que busca su crecimiento en el trabajo, su paz y felicidad en otros ámbitos también la encuentra en el amor. Estar en paz es estar tranquilo y sentirte libre en todos los rincones de tu alma y de tu vida operativa, sea el tema que sea.

 

Amar se aprende con una vida orientada hacia la PROFUNDIDAD, no conformándose con lo superficial de la vida, no satisfaciéndose con distracciones ligeras, se logra haciendo algo profundo y crítico en un inicio y luego buscando la liberación de las creencias que te detienen y te asfixian. Es primero usar tu cerebro para cambiar, para revisar lo que piensas, y luego pasando del cerebro al espíritu o a la experiencia del yo superior, de tu yo real y no el que has usado como una máscara durante tanto tiempo.

 

Amar se aprende siendo honesto con uno mismo, revisando el miedo, todas las formas de miedo que tenemos y poniéndolas en la mesa de disección, revisarlas amorosamente y no siendo tirano con uno mismo durante ese aprendizaje. Se vale equivocarse, la maestría sólo surge de la acción, si te detienes ante el miedo por un error futuro, te paralizas y no haces. Y en el amor hay que “accionar”, volverlo acción.

 

Para amar se requiere de momentos de SOLEDAD, contigo mismo, que puedas estar a solas un rato y no sentir que te mueres. Logramos que nuestro YO real nos guste y nos dé tranquilidad a nosotros cuando tú eres tu mejor compañero o compañera de la vida para ti mismo. Prueba estar sin música, sin computadora, sin TV una media hora cada día, solo tú y tu tranquilidad. Si quieres aprender técnicas de meditación sería muy bueno para tu relación de pareja y para la vida en general.

 

Hay que tener pacienciaaaaaaaaaa, paciencia, PACIENCIA. Recuerda cuando aprendiste a montar bicicleta o algún oficio, hay que tener paciencia, repetir las cosas varias veces, leer sobre lo que quieres hacer, preguntar a otros sus experiencias con el tema. Igual es el amor. Hay que buscar también tu propio estilo, no seguir recetas, no sigas ni siquiera lo que yo te digo al pie de la letra, sé creativo, busca tu propia forma, tu ritmo, tu tiempo. Sé audaz, experimenta. No te dejes convencer por la gente que cree que vivir en vivir rápido y sin pausas, tal como la música, la vida está hecha de sonidos y silencios. Date tiempo y espacio para oír tus silencios y los de la vida misma, para apreciarlos también.

 

Coloca al amor entre tus PRIORIDADES. No se conoce alguien que se haya vuelto un maestro en algo que era de segunda importancia en su vida, el que quiere aprender tiene que centrarse en lo que desea aprender, no hay atajos para ello. Además no debe ser algo impuesto desde afuera, no es una tortura aprender sobre uno mismo y sobre cómo amar, ha de ser un gusto, una pasión, una acción por aprender algo motivador. Aprender a amar ha de volverse algo que te emocione, que no te aburra, ni que te obliguen a hacerlo, por tanto debe ser también una elección personal ante la vida.

 

ESCUCHA. Amar está relacionado con saber escuchar, con prestar atención a otros. También es escuchar los silencios de la vida, prestar atención a las cosas que haces en el momento que las haces. Es estar presente en tu presente, en lo que ocupa tu presente y no en tu pasado o tu futuro, es tener la mente centrada en tu presente. Eso implica que cuando hables con alguien le des espacio al otro para contestar, un diálogo es realmente compartir la capacidad de escuchar y estar presente.

 

También tener atención es saber compartir con tu pareja todo lo que hagas, incluso cuando no hagan nada, es estar cerca el uno del otro, poder compartir en su momento presente sin llenar la vida de distracciones, miles de cenas con amigos, salidas a fiestas, también es tener la tranquilidad de estar sentados juntos tan sólo viéndose mutuamente por ejemplo, un ratillo al día.

 

Escuchar también implica escuchar a tu cuerpo, a tus emociones, a tus sensaciones personales. Implica tener la valentía de preguntarse ante una situación incómoda, ¿qué es lo que me pasa realmente? ¿Por qué estoy molesto o molesta? Escuchar implica ESTAR CONSCIENTE cuando te pasan las cosas, cuando las sientes, cuando las dices. También requiere de no obsesionarse con las explicaciones, es sentirse a uno mismo, SER SENSIBLE a uno mismo de forma libre, pero no es un acto racional ni realizado por la mente únicamente, es algo más.

 

Sé HUMILDE. Para amar hace falta cantidades enormes e infinitas de humildad. Hay que diferenciar lo que las personas son de lo que yo pienso que son o de lo que ellas piensan sobre sí mismas, también hay que diferenciar lo que uno cree de uno mismo de lo que realmente se es. Para eso hay que ser humilde, humilde como un Buda. Hay que ser sensible, abierto, libre y consciente. Ser objetivo no es lo mismo que ser consciente, porque a veces creemos que nuestras racionalizaciones de la vida justifican nuestras actitudes y estamos siendo 100% objetivos.

 

La objetividad no sirve para amar porque amar es algo paradójico, tiene mucho de irracional, en cambio la consciencia sí funciona. Estar consciente es estar presente HOY y cada día de tu vida, en cada acto que decides, es responsabilizarse por lo que haces y piensas, es buscar pensamientos y creencias que te hagan bien a ti y a los demás. Es tener el valor de verte a ti mismo y aprender de tus errores, es vivir la vida, no pensar la vida. Se trata de tener fe, pero no una fe ciega, sino una fe con los ojos abiertos, consciente. La fe consciente no es una creencia en algo, es una certeza y firmeza que surje en y de ti mismo, es un rasgo de tu personalidad global. Es la certeza en la capacidad que tienes de amar y en la acción que realizas para darle vida a tu capacidad.

 

Estar consciente y amar implica que tu relación con la vida en su totalidad esté primero que tu relación con la persona amada. La persona amada es una parte importante de tu vida, pero no es tu vida, ni tú la de él o ella. Para amar necesitas dejar de ser narcisista y pensar que todos tienen que vivir, sentir y hacer lo que tú dices, por eso la humildad es tan importante. Implica, en segundo término, que tu amado o amada haga su parte en este misma dirección.

 

Amar es abrazar la experiencia humana del amor con humildad, respeto, empatía, valor, es experienciar la vida, ensayarla, quererla. No te quedes pegado en tus errores o en los de tu pareja en el proceso de aprender a amar, haz algo: transfórmate, dale espacio al otro para que se transforme, motívalo o motívala también. Cómo se motiva el cambio en el otro u otra, preguntarás, pues con tu propio cambio y transformación. Convierte tu capacidad de amar en un arte para ti y para el resto de los humanos. Yo te lo agradeceré, tus padres, tus hijos, tus vecinos y el mundo entero te lo agradecerá, pero sobre todo tú. TÚ te sentirás tranquilo o tranquila.

 

Con amor,

Taika

 

 

 

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