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las piedras que saque

A Gaba, por nuestra amistad perenne

Hablando con una amiga por chat me vino a la mente una revelación valiosísima y quiero compartirla con ustedes, sobre todo con las mujeres que leen este blog y que son madres. Mientras escuchaba lo que ella me había dicho sobre sus vivencias de los últimos cinco años, una y otra vez, yo me veía reflejada en su historia pero de manera inversa, como si LEYERA LAS LETRAS DE MI VIDA en un espejo.

A veces creemos que la solución de todos nuestros problemas tiene una forma determinada, que generalmente es la opuesta a la que estamos viviendo. Si vivimos con nuestra pareja, pensamos que vivir separados es la solución. Si somos divorciados le decimos a todos que estar casados es la clave que nos devolverá la felicidad y que por no estarlo es que somos infelices. Si nuestros hijos no viven con nosotros creemos que viviendo con ellos regresará nuestra sonrisa casi olvidada y si -por el contrario- estamos todo el día con los niños saltando a nuestro alrededor creemos que lo requerimos es un minuto (laargooooooo) de vida de solteros, de silencio, y de tiempo libre.

En resumen, NUNCA tenemos lo que deseamos y renegamos de lo que estamos viviendo, y pensamos que el modelo totalmente opuesto es la cura para esa sensación de hastío y apatía que se ha instalado en nuestra alma. Esa creencia genera lo que nosotras llamamos espontáneamente en la conversación: cargar un saco de piedras sobre la espalda. ¿Ese saco qué contiene? Culpas, remordimientos, dudas, inseguridad, enojo, rabia, frustración, tristeza, parálisis emocional, baja autoestima, apatía, recelo, odio, envidia, miedo, MUCHO miedo.

En la plática con mi amiga me di cuenta que ella había hecho con su vida, su matrimonio y sus hijos lo que yo pensaba que era la solución a mis culpas, mis miedos, a todo lo que me hacía sufrir de mi situación de vida, de mis decisiones pasadas y actuales. También noté que yo tenía, de alguna manera, la vida que ella desearía tener, y ella la que yo deseaba. En el fondo así era, al menos estábamos deseando (envidiando) la idealización que teníamos en nuestras cabezas sobre la vida de la otra.

Ambas estábamos añorando lo que la otra en cierta forma disfrutaba (o no, tal vez lo sufría pero lo tenía, era suya esa vida), que aquella vida, la de la otra era la que en el fondo desearíamos estar viviendo y no la propia vida. Ambas… y acá viene la revelación: sufrimos en el pasado, y en cierto modo seguimos sufriendo por las decisiones que tomamos y estamos tomando hoy en nuestras respectivas vidas como madres y mujeres. Entonces me dije si ella sufre, y yo estoy creyendo que lo que ella vive es mi solución (la panacea), y a ella le pasa igual que a mí, entonces las dos estamos equivocadas. La interpretación que cada una hace de su vida es UNA GRAN TRAMPA. Las dos estamos cayendo en ella.

Siempre hemos soñado con una vida diferente, supuestamente más feliz. Pero allí estábamos leyéndonos, la una a la otra, leyendo un testimonio en vivo y en directo que demostraba que esa vida ideal que soñábamos no lo era tanto, dado que la otra estaba padeciendo ése que era el sueño propio (tantas veces anhelado). Es algo complicado de explicar, pero sentí que ese saco de piedras del que tanto hablamos esa noche era UNA GRAN MENTIRA, que yo había invertido tanto tiempo, tantos pensamientos, tanta energía, en pensar CIERTA, VÁLIDA Y LEGÍTIMA mi mentira personal que me la había creído.

Pero un momento… allí estaba ella, sencilla, AMOROSA, demostrándome con su vida (con su interpretación de la misma) que lo que yo había creído mi salvación no lo era. Parece consuelo de tontos, pero es algo GRANDE. Parece una cosa nefasta (hasta cruel) concluir que el sufrimiento de mi amiga demostró que mi sufrimiento personal es una gran mentira… pero no lo es. ¿Por qué no? Porque cualquier cosa que sirva para DEVELAR una mentira ES UN MILAGRO DE ENTENDIMIENTO. Y si éste es compartido ES UN DOBLE MILAGRO. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Mi sufrimiento en mi historia de vida, también le revela a ella SU MENTIRA PERSONAL. Somos dos las que despertamos de UNA PESADILLA. De un mal sueño: DE LA CEGUERA QUE ES LA INCONSCIENCIA PERSONAL.

¿Dónde estaba entonces mi problema, su problema REAL? Estaba en la interpretación de lo vivido. En la mía. En la suya. En el deseo constante de tener lo que no se tiene, de desear siempre otra cosa, de pelearse con lo que es, de no aceptar a corazón abierto (y con los ovarios necesarios) las consecuencias de las decisiones que tomamos. ¿Qué contiene de verdad nuestro saco de piedras? Nada. No contiene nada porque NO existe realmente. Es una creación MENTAL. Una interpretación que hicimos cada una de lo que estaba viviendo y había vivido. Es tan profundo, NO EXISTE EL SACO, NO EXISTE SU ¡”$%%&(/)=? CONTENIDO, NUNCA EXISTIÓ. Ver que la que creía mi única verdad, mi única salida, era la mentira personal de otra persona, además la de una amiga querida sincera, honesta, amorosa, que me lo estaba contando honestamente fue MÁGICO, triste y doloroso también -no lo niego-, pero finalmente MÁGICO. No me estaba contando su vida, sino la interpretación errónea que hizo, yo estaba haciendo lo mismo con la mía. Nuestras vidas como tal son OTRA COSA.

Hoy me detengo ante mi saco de piedras, lo veo, lo reviso. Le digo que NO EXISTE Y QUE YA NO NECESITO CREER QUE SÍ EXISTE. Hago todo eso porque mi amiga me OBSEQUIO EN UN ACTO DE AMOR, LA INTERPRETACIÓN DE SU  VIDA COMO ESPEJO. Lo hago con la certeza de que no es real mi saco de piedras, que me lo inventé… que ese saco no me llevará a NINGÚN SITIO DE VIDA MEJOR. ¿Por qué no? Porque a mi amiga no la llevó a ningún sitio mejor. Es realmente LIBERADOR. MUY LIBERADOR. Es sacarme una daga del corazón, quitarme un saco de piedras pesadas de la espalda, curarme una herida que llevaba nueve años sangrando, una que no estaba abierta del todo ni tampoco cerrada… pero por donde sin duda HASTA HOY ME DESANGRABA.

POR UN MUNDO SIN VERDUGOS AUTOGESTINADOS DENTRO DEL ALMA. POR UNA VIDA SIN INTERPRETACIONES PODRIDAS. ALLÍ EN LA FOTO LES DEJÓ LAS PIEDRAS QUE SAQUÉ DEL SACO, LAS MISMAS QUE MIRÉ DURANTE HORAS. CON MI REFLEXIÓN DE HOY DESAPARECIERON DE LA CESTA DONDE LAS PUSE. LUEGO DE UN MOMENTO, DESAPARECIERON PARA SIEMPRE. DESAPARECIÓ LA CESTA, MI SACO PERSONAL, DESAPARECIERON LAS PIEDRAS Y MI NECESIDAD DE CARGARLAS.

Infinitas gracias, querida amiga.

Con amor a mis lectoras, Nadir

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