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Hoy estoy disfrutando de los algodones. Si tengo que estrellarme contra algo (…si me afán de estrellarme continua), busco algodones. Ellos me regresan empujoncitos de nube. Me aman con sutiles toques donde yo (creo que) lo necesito. Así entiendo que no todo está en mis ideas y pensamientos, y que mi miedo no cederá si me parto los sesos, si me violento.

    Hoy decido antes que cualquier cosa ser amable conmigo misma, y lo disfruto. Porque la Mente Grande, Dios, el nombre que tenga, es nube. Y porque Él (Eso) es todo lo que me acompaña desde ese sitio que no veo pero sé que existe. Lo siento dentro de mí. Y porque Eso que existe también soy yo en mi dimensión no material entonces yo también soy nube.

     Ir por una piedra y estrellarla en tu cabeza no te curará, nunca lo ha hace. Aunque a veces insistas. Además cuando alguien tira una piedra contra una nube simplemente ésta la atraviesa y cae del otro lado. No hay manera de dañar a una nube. No sirve de nada insistir. ¿Que cómo lo sé? Porque las piedras que (me) tiré siempre me atravesaron. Y aun así cuando insisto (porque también lo hago) siempre sale la nube que soy a recordarme que soy nube. ¡Vaya milagro!

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