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amanecer

 

Hay días en que trabajas y trabajas y sientes que lo que haces no sirve para nada. Momentos en que apoyas a alguien y nada se te regresa, en los cuales el dicho “ayuda y te ayudarán” te produce risa irónica. Ocasiones en que terminas contándole a un desconocido lo que te gustaría platicar con tu pareja. Días, momentos, ocasiones, instantes jodidamente muy largos en que no tienes ni puta idea de qué haces en esta planeta viviendo como estás viviendo. Luego vienen las noches de esos pinches días. Noches que mientras transcurren se viven como muertes no pequeñas. Reflexionas que cohabitas con una cantidad enorme de vidas humanas como la tuya. ¿Qué nos falta a todos, chingao?

Cuando me siento así, sé que Ella, Dios o cómo quiera que se llame EXISTE, y que esa persona, alma, entelequia, espíritu o Nada sí sabe qué chingados hago aquí. Acto siguiente miro por mi ventana, veo el cielo y le digo: “pongo lo que soy en tus manos y todo esto que me revuelve por dentro”. Después corro a mi cama, me arropo con mis cobijas pesadas (no es que me gusten la verdad pero me siento contenida). Y en esa posición me duermo. Un minuto, una o tres horas más tarde, eso varía, pero lo que sí puedo decirte es que todas las veces me duermo. Dormir es lo máximo, porque pase lo pase, piense lo que piense, haga lo que haga, al día siguiente siempre amanece. Los amaneceres me recuerdan a mi mamá, nunca me fallan.

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