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flexibilidad

Aprendizaje de mi reciente crisis.

Cuando hemos vivido experiencias dolorosas tendemos a endurecernos por dentro. Creemos (y esto es pura ilusión) que si controlamos todo ya no volveremos a sufrir, o las cosas, situaciones y personas no podrán lastimarnos más o “salirse” de nuestro control. Digo que es ilusión porque la vida tiene su propia dinámica y ni se diga de los humanos cada uno “batea para su equipo” (para sí mismo). Pensaba en qué tan a menudo controlamos o más bien deseamos controlar y las cosas se vuelven a salir del rumbo establecido. Pasa tan veces que ya deberíamos entender que el control no nos llevará a mejorar nuestra vida. Siento que antes que control lo que necesitamos es flexibilidad y sensibilidad.

La primera es la característica primordial que le sirvió a nuestros antepasados para adaptarse a los cambios del medio ambiente. Cualquier ser vivo que no sea flexible está condenado a la extinción. Ciertamente en algo lo somos, flexibles, porque aquí seguimos sobre la frágil Tierra. Pero es más bien una flexibilidad inconsciente, miedosa, a la deriva,  poco aterrizada, y no consciente. La que yo convoco es la consciente, la que se decide voluntariamente.

La cualidad de la flexibilidad nos permite ponderar en una situación dada todas las actitudes y palabras con las que podemos enfrentar y superar el escollo que se nos presente. También es una especie de reservorio de conductas, de la efectividad emocional o no de las mismas. Así que se trata a la vez de un banco de actitudes y respuestas que viene catalogado, valorado, y segmentado. Esas actitudes me sirvieron, éstas no, éstas me llevaron al hoyo, éstas me sacaron de él, y así. El tema es que por ser una valoración siempre es subjetiva y cambiante. Al mismo tiempo, debería haber en una casilla junto a cada actitud algo que nos recuerde APRENDER de nuestras experiencias. A menudo volvemos a “meter la pata en el mismo hueco”. La flexibilidad implica aprender, pero aprender en ACTIVO. Esa casilla y su contenido es cambiante, re-adaptable, puede recibir información nueva, combinarla con la pasada, y crear algo NUEVO. No quedarse estática con el paso del tiempo.

Por otro lado, está la sensibilidad. En estos tiempos modernos es tan criticada que casi la hemos segregado de nuestro repertorio de comportamientos. Sensibilidad es empatía, lograr conectarse con otro ser humano, ponerse en su lugar, sentir lo que ella o él siente. Ésta se crea en la interrelación entre dos personas. Imagina que Juan y María hablan sobre sus vidas. Cuando son personas sensibles, cada uno percibe y comprende el estado de ánimo del otro. Su modo de ser y actuar.  Esto no quiere decir que esté de acuerdo siempre, pero acepta que el otro no tiene que ser igual que él o ella misma. También se  puede ser sensible con los ambientes, las circunstancias, los contextos, las realidades.

Ser sensible no significa ser débil, concesivo, sin opinión propia, sumiso. Tampoco ser flexible tiene que  ver mucho con las actitudes anteriores. Son cosas muy distintas. Muchas mujeres y hombres han confundido estos términos. Han entendido mal la sensibilidad y la flexibilidad, se han vuelto incapaces de tomar una decisión por sí mismos(as) y además han optado por esperar o aceptar a un hombre (o una mujer) que las tome por ellos(as).  Ni se diga de los padres y madres permisivos que crean hijos e hijas tiranos., que luego violentan a sus compañeros de escuela. Las personas siempre deben poner sus propios límites: cómo quieren ser tratados por los demás y cómo quieren tratarlos. Esto se llama 100% responsabilidad. Cuando eres empática o empático no quiere decir que aceptes todo lo que otra persona quiera hacerte, decirte, etc. Hay que decir No cuando la situación lo amerite. Pero un No con fundamento interno, con el foco de valoración puesto dentro de ti.

Luego están los humanos que para sobrevivir (que no vivir) han matado su sensibilidad y flexibilidad. Se han vuelto huraños, egoístas, agresivos, son como animales heridos siempre a la defensiva. Tratan de brillar mediante la manipulación, quitándoles valor a las personas con las que se relacionan. Están en todo momento dispuestos al ataque con el mínimo peligro. Viven con miedo, pero es más bien un miedo psicológico. Son poco conectados tanto con su alrededor como con las demás personas. (Son tan comunes que ya estamos a punto de quedarnos sin planeta, sin hogar.)

Atención. La flexibilidad se nota en el cuerpo físico. Por algo se dice: “mente rígida en cuerpo rígido”. Igual pasa con la sensibilidad mental… desconectas tu cuerpo de su capacidad natural y fisiológica de respuesta a los estímulos. Un ejemplo, ya no puedes sentir nada, ni deseo sexual, ni el placer que deberían darte las caricias de tu pareja.

¿Cómo le hago para ser flexible y sensible?

Ésta es “la pregunta de las mil lochas” dirían en mi tierra. Aún no sé cómo se hace, pero sí sé cómo NO se hace. Eso ya es un avance. Ahí te va.

Enumero a continuación las actitudes que te quitan la posibilidad de ser flexible y sensible.

  • Te quejas de todo y a toda hora.
  • No tomas decisiones y esperas que alguien más venga a tomarlas por ti o efectivamente aceptas que ya lo hace.
  • No buscas a tus amigos y familiares, y esperas que ellos te busquen primero. Si tienes ganas de convivir: motiva el acercamiento.
  • Le echas la culpa a las situaciones de lo que te sucede o a otras personas. No ves ni analizarstu responsabilidad sobre lo que sientes, haces o vives.
  • Vives con culpas, culpas y más culpas, y no haces nada para sacudirte esta tendencia a sentirte culpable.
  • No estableces límites en tus relaciones con los demás humanos.
  • No defiendes tu derecho a ser tratado bien. Y tratas mal a los demás.
  • No reconoces cuando sí estás haciendo las cosas MUY BIEN. Te niegas a ti mismo la posibilidad de hacerte auto-halagos. _________ (tu nombre) vas bien, muy bien.
  • Tu mente está llena de pensamientos basura: autodestructivos, negativos, llenos de rabia, culpa y dolor. Y no haces nada para cambiarlos.
  • Aceptas perder en todo. Abandonas tus sueños en manos de la fantasía y no los llevas a la realidad.
  • Postergas todo lo que implica hacer un esfuerzo de tu parte.
  • Andas por la vida deseando caerle bien a todos (eso es imposible).
  • Le das más valor al “qué dirán” que a lo que tú piensas y sientes.
  • No eres congruente. Tus emociones, pensamientos y actitudes operan de forma aislada, a su propio ritmo, intensidad y estilo. No hay armonía ni un trabajo en equipo de todas esas partes de ti mismo.
  • Valoras a los demás sólo por su apariencia física y el dinero que tienen.

FELIZ SÁBADO =)

Nadir Chacín

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