2005-01_ MADRE TIERRA 2

Obra "Madre Tierra II" de Fernando Gómez Pajarón


Metáforas de vida

La mente tiene una capacidad impresionante para unir un evento presente con cualquier otra cantidad de pensamientos a través de la asociación, lo cual es fantástico si tu propósito es hacer una tesis de grado, corregir un libro, seguir el argumento de un ensayo, proponer soluciones intelectuales a problemas de siempre… sí, ser muy racional y analítica tiene su lado útil, sin duda, es una ventaja. Pero la mente es también como un árbol que tiene múltiples raíces… tus pensamientos se van bifurcando, trifurcando, ***cando y volviendo cada vez más específicos, más ramificados y más profundos, y esa acción de tu mente –dirigida hacia lo complejo– puede suceder en menos de un segundo.

Así, en un instante y como por arte de magia, el tema “mi olla se quemó” termina relacionado con “mi pareja no me quiere lo suficiente” o algún otro pensamiento profundo y cargado de emotividad. Ya no es sólo la olla, ese mero objeto de metal, lo que importa… sino ya estás en el terreno de tus emociones, y sobre todo de tu sufrimiento (E. Tolle le llama: activar el cuerpo del dolor). “¿Esto cómo paso?” dirás cuando logres darte cuenta, porque la mayoría del tiempo ni siquiera notas este mecanismo que usa tu mente. Cuando lo notes, celébrate.

Cuando se activa esta complejización de tus pensamientos, no los notas a ellos (lo que estás pensando), en cambio, notas el enfado (emoción) que te “produce” la olla que se te quemó… y –de pronto– viene a ti ese sentimiento de tristeza, desbordado, que la verdad no tiene mucho que ver con la olla, ¿quién puede sentirse así de mal porque se le quemó una olla? Nadie… el tema es que tu mente ya no está en el tema olla, ahora está rumiando “mi pareja no me quiere”, en “lo ingrato que es”, en que “nunca conseguiré la pareja que necesito”… y así hasta el infinito.

¿Cuál es la escena real, la experiencia que sí tuviste? Estabas tratando de comerte algo cocinado por ti y en un descuido tu olla y todo el contenido resultó chamuscado. Ya no tendrás qué comer, dañaste la olla, y hasta allí, en ese instante, debería terminar tu problema. Paso siguiente, saldrías a comer una deliciosa comida corrida, a tratar de recuperar tu olla y si no se puede, botarla y ya, y luego regresarías a casa con el objetivo cumplido: alimentarte. Pero no… has sufrido un cortocircuito que te ha conducido al escenario de la tortura psicológica (autoimpuesta), que se aleja de la realidad, del hecho vivido. Ahora estás deprimida porque la olla se te quemó, porque ya no te alimentarás como lo tenías pensado (con algo hecho por y para ti). No saldrás de casa, te quedarás a contemplar la olla mientras estás “segura” de que “mi pareja no me quiere lo suficiente”. Este tipo de asociaciones son inútiles, la verdad, porque no son prácticas en la vida operativa. Te hacen saltar del terreno de la operatividad, del saber moverte y ejecutar cosas en las condiciones de vida tal cual son (comiste o no comiste, quemaste la olla o no, etc.), al terreno del sufrimiento.

Cuando en mitad de tu día algo te haga enojar, te dé tristeza o sientas esa incomodidad rara que se apodera de ti… detente… deja de hacer lo que estás haciendo. Trata de ver el hecho aislado: el hecho en sí, no el hecho en ti. Imagina que a otra persona le ha pasado eso que te está ocurriendo, así lograrás distanciarte del hecho y verlo tal cual es.

La próxima vez que se te queme una olla, te aseguro que mirarás de lejos a esa mujer (tú) que se le quemó su olla, ¿qué haría ella? Trataría de salvar la comida y si no se puede, iría al teléfono y pediría una pizza. Acto seguido: irás al teléfono y pedirás tu pizza. Te la comerás y celebrarás que al menos por un día pudiste detener a tus raíces (de) mentes.

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