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Siempre nos preguntamos para qué sirven las rupturas amorosas. Son encrucijadas, paradas, estaciones de paso, quiebres, inicios, finales. Revoluciones. Son todo eso y a la vez. Cuando una pareja por los motivos que sean decide separarse o uno de los miembros decide alejarse por un tiempo o “para siempre” (nótese las comillas… no me gustan las sentencias, la vida no puede controlarse), muchas cosas parecen CERRARSE pero el resultado REAL es que la dimensión de la pareja SE ABRE. La dimensión individual SE ABRE.

El enamoramiento y el amor son indudablemente fuerzas amalgamadoras. Los amantes perciben que existe fusión entre ellos a pesar de que el amor sólo puede vivirse y experienciarse individualmente. La pareja, en su devenir cotidiano, es doble acción, doble Ser, pero los amantes suelen olvidarse de que son dos. En toda fusión (real o imaginada) aumenta la resistencia, se tiende a “borrar” las fronteras que de por sí son imborrables… y entonces surge contundente la fuerza inevitable de la separación, de la diferenciación con respecto al otro. Nadie puede luchar contra eso, porque es un instinto: mantener la identidad propia. No porque quieras seguir siendo tú amas menos y no porque tu pareja también quiera serlo te ama menos. Eso es un error de interpretación.

El amante ama al otro por lo que es y siempre el amor cuando es genuino busca el respeto hacia la persona que ama en tanto persona diferente de uno mismo. Sin embargo, la fusión existe, se da. La sentimos. Es también. Algo nos separa y nos une, algo nutrido por nosotros mismos. Ambas fuerzas, la que te separa de quien amas y la que te une a él o ella, se alimentan de los significados que les atribuimos a las cosas que vivimos, a las conversaciones que tenemos, a las diversas (y a veces contradictorias) creencias que conviven en nuestra mente sobre el amor y otras aventuras.

La fusión siempre será sana y armoniosa si se mantienen renovadas y ejercidas las identidades individuales. “Ejercidas” quiere decir ACTIVAS, en acción. Si te fusionas al punto de olvidarte de ti misma, de ti mismo, algo SE ROMPE dentro de tu Ser. Nadie puede amar realmente si se fusiona y se olvida de su persona. Ésta es la salvación que proveen las rupturas, momentáneas o no. Las rupturas son OPORTUNIDADES, son llamadas de atención. Es el alma que dice “hey… aquí estoy… ¿y yo qué?”, cuando se produce una ruptura hay algo que te está gritando dentro de ti que le prestes atención. Que TÚ existes y que no has estado poniéndote mucha atención últimamente, dedicándote mucho tiempo ni dedicación. Y menos la pasión que te mereces.

Las rupturas terminan siempre sanando a la pareja, pero lo más importante es que SIEMPRE terminan hoy, mañana o en algún momento sanándote a ti. ROMPER una relación es un camino (sanador y doloroso) para volver a ti. Lo es de igual modo para volver al NOSOTROS pero de una forma diferente, más amorosa, y en tanto más cercana al amor, más respetuosa de los quereres y deseos de cada uno. Eso no implica que la relación de pareja continúe, pero si implica que esas dos personas podrán ahora mirarse, contemplarse y vivirse mutuamente de una forma más armoniosa. Cuando has procesado sinceramente la separación comienzas a ver. Tus ojos miran por primera vez y luego contemplarás lo que es y lo abrazarás sin pelearte con lo que sucede.

Regresar a mí siempre será un regresar a ti (a él o a ella) de una manera más genuina y transparente. Sin máscaras. Cuando logras ver al otro por lo que es, con sus defectos y virtudes, cuando logras hacer eso mismo para contigo (sobre todo), TÚ TE ABRES, LA PAREJA SE ABRE. La dimensión de lo que vives se amplía, logras por un instante, por un mes, un día, a veces por un tiempo más prolongado cuando trabajas en ello, regresar a tu naturaleza original. Ésa que te permite estar acompañando a alguien (que no unirte) sin “matarlo”, sin perderte en el otro, sin obligar a que él o ella se pierda en ti (consciente o inconscientemente), sin querer y presionar para que sea como tú, sin borrarte tú. Eso siempre es UN REGALO HERMOSO que te procuras a ti mismo. Suena trillado pero amar al otro siempre pasa primero por amar lo que uno es.

No quieras saltarte el primer escalón de las relaciones sociales. La relación que construyes con la única persona que podrá darte todo el amor que necesitas y que te mereces: TÚ.

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