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Hoy me dijeron algo fuertísimo. Me dejó pensando mucho.

¿Cuando una persona da un abrazo quién lo siente más, quién lo disfruta más: quién lo da o quién lo recibe?

Yo enseguida dije: quien lo recibe. Y la otra persona me dijo: no, quien más siente, quien es dueño del abrazo y de lo que eso genera en su persona es quien lo da. Cuando abrazas, abrazas para sentirte bien tú, en primer lugar, lo demás escapa de tus asuntos, no puedes controlarlo. La otra persona cuando recibe tu abrazo lo interpreta, en cambio tú sólo das un abrazo para sentirte bien, porque así lo deseas, es un acto directo y motivado por ti, auto-gestionado, digámoslo así. Mientras que el mismo abrazo en la persona abrazada es un acto interpretado, con un significado filtrado desde sus propias creencias.

La otra persona puede pensar: “me estará abrazando porque se siente culpable”, “si me abraza es porque quiere algo conmigo”, “seguro me va a dejar y por eso me abraza”. No es lo mismo darle un abrazo a una mujer que ha sido violada, a un niño de la calle, que a un profesor o a tu mamá o a una amiga. Siempre hay una interpretación de por medio en la persona que recibe tu abrazo. Qué fuerte. Lo más fuerte es que lo del abrazo surgió para darme un ejemplo de cómo los humanos damos el amor y cómo pretendemos que las otras personas nos los den a nosotros. El amor en conclusión sólo puede darse. Ná más. El amor que recibes lo recibes porque tú lo das, no porque otra persona te lo da a ti. Fuerte.

PD: Voy a procesar la cachetada que me dieron con esta comparación entre el abrazo y las relaciones de pareja… y trataré de explicarme mejor en la siguiente entrada. Gracias por todos sus comentarios, he estado muy ocupada levantando unos proyectos para Territorio liberado la empresita nueva, pero ya este fin de semana me pongo al día y les respondo. Gracias siempre por apoyarme y escribir aquí.

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