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A mi amado hijo Nabil que hoy cumple 18 años

“Muchas veces lo que me salvó fue improvisar un acto gratuito. El acto gratuito, si tiene causas, son éstas desconocidas. Y si tiene consecuencias, son imprevisibles.

El acto gratuito es lo opuesto a la lucha por la vida y en la vida. Es lo opuesto a nuestras carreras por el dinero, por el trabajo, por el amor, por los placeres, por los taxis y ómnibus, por nuestra vida cotidiana en fin -que ésta es toda paga, es decir, que tiene precio.

[…] Era el profundo cansancio de la lucha. Y me di cuenta de que estaba sedienta. Una sed de libertad me despertaría. […] Entonces la sed extraña y profunda apareció. Yo necesitaba -necesitaba con urgencia- de un acto de libertad: del acto que es por sí solo.

Un acto que manifestara fuera de mí lo que yo secretamente era. Y necesitaba de un acto por el cual no necesitara pagar. No digo pagar con dinero sino, de un modo más amplio, pagar el acto precio que provoca vivir.

[…] ¿Para qué iba al Jardín Botánico? Sólo para mirar. Sólo para ver. Sólo para sentir. Sólo para vivir. […] A propósito no voy a describir lo que vi: cada persona tiene que descubrir sola. Sólo recordaré que había sombras oscilantes, secretas. De paso hablaré ligeramente de la libertad de los pájaros. Y de mi libertad. Sólo eso.”

Fragmento de El acto gratuito, de Clarice Lispector. En “Revelación de un mundo”, pág. 307.

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