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Me gusta este título, pertenece a una película de mi director de cine preferido, Eliseo Subiela.  Luego de un buen tiempo de ausencia regreso aquí, a mí, a ustedes. Vengo a hablarles de marineros, amarras y naufragios. De los viajes.

Quizá lo más común al naufragar sea preguntarse y ahora qué… pá dónde va todo esto, por qué pasó. Tal vez realices una bitácora de los hechos, el recuento de los daños, analices en qué colaboraste para que el barco naufragara, revisarás lo sucedido, si se rompió alguna vela, si las amarras no estaban bien hechas. Si tenías todo previsto o no, si necesitabas del naufragio. Definitivamente: sí. Siempre que naufragas es porque tú lo pides, así no lo tengas muy consciente.

Yo sé que la vida, los dioses, el universo, la marea, la brújula sagrada, o cómo se llame eso o aquello que me guía, sabe mejor que yo lo que necesito, generalmente lo sabe antes que yo. Los marineros eso somos y nada más. Aventureros de Lo Nuevo. Cuando la vida siente que estás obsesionado con una ruta, con un destino, con el tesoro o con el mapa, que tus pies ya no se mueven alegres pateando la cubierta de tu propio barco, ni estás disfrutando del viaje antes apasionante -por las razones que sean- actúa… y zassss, simplemente avienta tu barco contra los bancos de arena, contra las rocas, contra lo que sea, pero apresura el naufragio. Mata para crear. Menos mal.

Las ratas siempre saltan primero, antes de que el barco se hunda, eso ya lo has visto en las películas. Pero el capitán genuino siempre muere con su barco. Muere para renacer. Muere para estar de nuevo, para ser. Menos mal. Hoy estoy aquí para decirte que he muerto con mi antiguo barco.

Estos días junté maderas, estuve pintando la nueva nave, arreglándolo todo. El puerto estaba hermoso, todos los días salía el sol y se unieron nuevos marineros a la tripulación. Ya zarpamos. Ayer grité en la cubierta, mi gente…. eleven anclas… que nos vamos a conquistar un Nuevo Mundo. Capitanes y marineros siempre mueren y renacen. Así es la vida. No hay mar, océano, ni Nuevo Mundo que se resista. Nos hemos traído hasta los fantasmas de las ratas, de la tripulación que murió… me he traído a mi propio fantasma. Hoy mi fantasma y yo estamos estudiando la estrategia, una nueva. Todo Nuevo Mundo necesita de una. He traído conmigo también las últimas imágenes del naufragio para que no se me olviden. En el próximo naufragio moriré con este barco, hoy reluciente, sosteniendo en la mano las imágenes de cada barco anterior, destruido. Cada naufragio, desatará la creación de nuevas-viejas imágenes, otros puertos, nuevas tripulaciones, nuevos barcos, nuevos viajes, nuevas ratas, nuevos fantasmas, nuevas nadires. Así se crea la historia (de uno mismo). La mía. La tuya. La nuestra.

Desde el profundo azul de Altamar,

Nadir

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