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Regresé a casa en un taxi y bajo la lluvia. El tráfico habitual de la ciudad más grande del mundo me dio tiempo suficiente para… Todo empezó en mi mente con el título de este artículo: mentir cuesta. Hoy vengo a hablarles de la mentira, del engaño, del “misteriosismo”. Sobre el alto costo que tiene no ser uno mismo, sobre todo en las relaciones de pareja. Vengo a hablarles además sobre algo más doloroso aún: el alto costo que tiene sí ser uno mismo en este siglo XXI.

Mentir cuesta porque tienes que hacer un esfuerzo extra en tu vida, tienes que empeñarte en recordar todas tus mentiras, ser fiel a la cronología de los hechos que has inventado y cual si eso fuera poco tienes que moldear tus emociones para que sean congruentes con tus mentiras. También te toca “reformatear” tu cuerpo, sus actos y comportamientos. A veces hasta tratas inútilmente de quitarle a tu cuerpo su sabiduría más valiosa. Extirpársela o amputársela como quien se quita un cáncer. El cuerpo sólo puede ser transparente, verdadero, por ello se extenúa con tu “inventadera” y con la de tu mente, se cansa de que lo obligues a expresar algo que tus emociones reales no sienten.

No puedo darte buenas noticias hoy, lo siento. Mentir(te) genera enfermedades físicas y mentales. Algunas matan tu cuerpo o tu alma. Otras matan los dos de un solo tiro o te hacen estar muerto en vida, cual zombie de película. Dolores de espalda a montón, gastritis, estrés crónico, sistema inmunológico quebrado, canas, arrugas, ojeras, calvicie y pare de contar. Mentir reproduce hasta el cansancio patrones conductuales que te encaminan al desgaste emocional. Al colapso total (y no es un chiste ni exageraciones mías). Te llevan a estar agotado de vivir, a sentirte amargado y a no poder disfrutar de esos pequeños detalles que nos ayudan a compensar las frustraciones comunes de la vida. Y sí, ya tú bien lo sabes porque por eso mientes: la vida es 90% ordinaria y llena de frustraciones. Así es para todos los seres humanos aunque duela feo. Lo único que te salvará de eso, ese 10% que resta, está hecho de genuinidad vibrante, activa. Ese 10% es tu espacio de autonomía, es donde “estampas” con gusto tu Ser, uno que tú construyes poco a poco, que legitimas y actúas día con día. Ser siendo. Fíjate qué curioso, mientes porque crees que así construyes o construirás tu satisfacción y ya ves -más temprano que tarde- terminas también frustrado. El 10% sólo ES genuinidad, no resulta, no se da, si tratas de buscarlo alimentando una mentira (o varias).

Mentir cuesta porque alejas a todas las personas que realmente te aman, a tu pareja y a muuuuuchas más. Las alejas porque si estas personas no te conocen como tú eres de verdad nunca podrás construir con ellas algo genuino, un tipo de vínculo profundo y duradero. ¿O es que tú prefieres vivir en la superficialidad toda tu vida? ¿En la medianía? ¿Prefieres no conocer nunca el 10% curativo? Las mentiras dejan a tus seres queridos fuera de tu corazón y estando afuera no puedes amarlas ni ellas a ti. Lo más trágico (no hay otra palabra) es que la única persona que pierde eres tú. Generalmente quien miente cree que sus mentiras lograrán que los otros lo amen (o no lo dejen, o no se alejen, o no lo rechacen) y no hay una creencia más errada. El que miente es quien está dejando, quien está alejando y quien está rechazando. Es quien pierde porque no se disfruta a sí mismo, porque no se conoce bien ni se acepta como es, porque se ha autodejado, autoalejado y autorechazado primero, mucho antes que a su pareja o a las personas que lo rodean. Mentir cuesta porque te hace sentir solo dentro de un estadio repleto de gente, dentro de una casa llena de hijos, dentro de una oficina, entre tus compañeros de trabajo, solo como nunca antes te has sentido. Y tu almohada es la única que lo sabe, tanto como tú. Solo cada día. Y esa “vocación de ermitaño”, de “paria”, la repites y repites, solo hoy, solo mañana, solo ayer. Y digo ayer porque tu sentirte solo no empezó cuando comenzó tu relación de pareja, ni la relación de pareja anterior a la actual. Pero eso también ya tú lo sabes, ¿verdad?

Mentir cuesta porque la única manera de amar y respetar a alguien es amarlo y respetarlo completamente (porque sí y ya), con todo eso que te gusta y que no te gusta de esa persona. Incluso en medio de los conflictos. Para hacerlo tienes que conocerla bien. Y esa persona a ti. Y esas dos personas tienen que conocerse a sí mismos de manera individual. Tienen que hacer un esfuerzo, actuar, ejecutar, accionarse en la verdad y en la no violencia. Haz un pacto con la verdad, uno tuyo, por favor. Abre el corazón y conversa, negocia con tu pareja. Si notas que no pueden hacerlo solos busquen ayuda profesional, una terapia de pareja. Busca una terapia para ti, alguien tiene que empezar primero a esforzarse.

Mentir cuesta porque no ayuda a nadie, no te ayuda a ti. Las personas van cambiando sus defectos si quieren, si se empeñan en hacerlo, pero tú tienes que amarlas diariamente, amarlas hoy. Ama de forma sincera, ama bonito. Deja que te amen por como tú eres, no tengas miedo, si esa persona que tú amas no te conoce, sólo está amando a la imagen falsa que tú le vendes. ¿No te gustaría que te amara a ti? ¿Quieres pasar tu vida al lado de un fantasma? ¿Quieres serlo tú?

Mentir cuesta porque si todos nos ponemos a mentir entonces este mundo no tendrá remedio (y tú no quieres eso ni yo tampoco) y seremos todos los días más extraños los unos para los otros. Por eso nos tenemos miedo y nos volvemos racistas, homofóbicos, misóginos, xenófobos. Por eso las guerras y los millones de muertos diarios. Piensa en eso, piensa más allá de ti, más allá de tu relación de pareja. La especie humana te necesita, yo te necesito lo más sincero que puedas. Te necesito valiente y tenaz para enfrentar el dolor que implica ser genuino.

Mentir cuesta porque no bastan las alucinaciones, los reflejos, las migajas. Tú quieres ese “algo mágico”,  quieres lo extraordinario, te urge, quieres el 10% completito, vaya que sí, quieres vivirlo a pesar de los años que tienes tratando de no vivirlo. Quieres vivirlo aunque te has esmerado en acallar sus gritos. Eso que grita eres tú. Tú no estás en más ninguna parte por ahora, sólo en ese grito original (ancestral). Cuando dejes que tu grito grite, cuando luego de que grite le enseñes a ser libre hablando quedito, respetando a los demás, cuando te des la oportunidad (¿cuándo te tocará a ti?), cuando ya no temas amar, cuando no te creas demasiado “malo” para ser querido, cuando botes a la basura todas tus culpas, cuando decidas por fin arriesgarte, perdonarte, cuando te atrevas a enfrentar lo doloroso que es ser tan tú en un mundo donde abundan las mentiras (por necesidad, por superviviencia), cuando asumas que no hay mejor regalo-reto que ser uno mismo, entonces ese día dejará de costarte tanto estar vivo. Nos dejará de costar tanto arreglar el desmadre que creamos todos los humanos, mentira sobre mentira. Y finalmente notarás como surge alegre tu 10% día con día, el que te asignaron al nacer, el que está escrito en tus genes, en tu más fina esencia.

Mentir cuesta porque te produce “ceguera” emocional y problemas severos de comprensión. Mentir cuesta porque anula tu intuición. Mentir cuesta porque la sociedad y lo que tú deseas de ella (de todas las otras personas) es quien te obliga a mentir. Paradójico ¿no? El punto vital es que tú has decidido hacerle caso incluso mientras sientes que tanta fachada, tanto maquillaje, te mata y te aleja de tus seres queridos. Mentir cuesta porque te pierdes y ya no encuentras el camino a casa.

Sabes, venimos aquí con un paquete de instrucciones para ser felices, pero si no te molestas en leerlas nunca te enterarás. Eso me dijo hoy una niña que me esperaba ya en la cama y a punto de dormirse. Me dijo ya pasó la lluvia y el tráfico. Ya pasó lo que te dolió hoy. (Sana, sana, culito de rana.) Ahora estás en casa, conmigo. Estás a salvo. Esa niña era yo misma que me decía eres perfecta ya, aunque todavía estés aprendiendo a ser humano. Ser siendo. Esa niña es mi espacio de autonomía, mi Divino 10%.

Los 10% no se pueden prestar, no se pueden comprar, ni regalar, no se alquilan, no se descargan del Internet. Los 10% se paren, se crían, se alimentan, se acompañan y aman mientras van madurando. Y como los hijos los 10% también duelen y tienes que estar preparado para que te duelan. La única diferencia es que los 10% no se van cuando ya has invertido tanto en ellos, siempre estarán contigo como mi dulce niña.

¿No crees que es suficientemente bueno lo que te digo? Ojalá que no me creas nada, que digas uyyyy La Nadir ahora sí se volvió loca… ojalá… así decidirás probar por ti mismo.

Con amor,

Nadir Chacín

Imagen: fotograma de la película Roman Holiday (1953). Detrás de Gregory Peck y Audrey Hepburna está la Boca de la Verdad, una imagen tallada en mármol, ubicada en la Iglesia de Santa María de Cosmedin en Roma, Italia.

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