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Ahora muchas mujeres se atreven a poner límites en las formas en cómo desean ser tratadas por los hombres, pero siguen utilizando el único recurso que conocen: la palabra. Emplean, a menudo, dos modalidades de comunicación verbal para ello: la amenaza y la sobre-explicación.

Paradójicamente, estas formas les quitan poder y las colocan en la postura de subordinación de la cual quieren salir (o no entrar), en vez de ayudarlas a equilibrar sus relaciones con otros seres humanos: hija/o, padre, madre, pareja, jefa/e, empleadas/os, etcétera.

“Si dejas eso allí de nuevo… te castigo…”, “si no dejas a tu amante me iré de casa, lo juro…”, “que sea la última vez que amaneces trabajando”, “la próxima vez defenderé mi punto de vista y si no me hace caso renuncio”, “no es el hombre que yo quiero a mi lado, pero…”

Las amenazas no sirven, sólo desgastan a quien las hace. Lo mismo pasa con la “dadera” de sobre-explicaciones obsesas y a cada rato. Nunca conseguirás lo que quieres amenazando ni dando sobre-explicaciones que están de más. Esto no es un asunto de género, ojito, es un asunto de dominadores y subordinados dentro de un sistema de dominación-subordinación. El actual. Si el que está subordinado es un hombre y la dominadora es una mujer es el mismo proceso y se consiguen los mismos resultados: más desequilibrio. Me referiré aquí a mujeres y hombres, para ponerlo en palabras más sencillas, pero vale igual para los hombres que perpetúan sin saberlo su subordinación ante otro humano, mujer o hombre.

Es un fail total que las relaciones humanas y laborales funcionen de esta forma, tienes toda la razón, pero así funcionan y hay que aprender a ser operativa en ese sistema mientras hacemos algo por cambiarlo. Actuar de una manera diferente es ejecutar el detonador del cambio y equilibrar lo desequilibrado. Hoy vengo a hablarles de algo vital para ese cambio de actitud.

Las amenazas son señales socialmente percibidas como “debilidad” en las mujeres, en los hombres es diferente, pero cuando la que amenaza es una mujer no sirven para nada. La misma cosa pasa con los hombres que están en una posición subordinada. En los hombres las amenazas son para demostrar y legitimar el poder que sí tienen. En cambio, en las mujeres, las amenazas sirven para demostrar y reafirmar la pérdida de tu poder, el que no has tenido ancestralmente ni tienes ahora. Para resumir: las amenazas son la cosa más inútil que hay en el planeta Tierra. Dañan a todos los seres humanos, del género y la edad que sean.

El efecto de las palabras depende de quién las dice y de a quién se las dices, no estrictamente de las palabras en sí mismas, de lo dicho. Lo importante es la intención de lo dicho, “su poder para” o “su incapacidad para” obtener resultados e incidir positivamente en una situación o en un vínculo entre dos personas. En el caso de las sobre-explicaciones pasa algo similar, la mujer que explica mucho poco hace, nada logra. La mujer que amenaza poco logra, nada hace. Los efectos y los resultados de lo que decimos siempre son contextuales y están sujetos a las interpretaciones propias y ajenas acerca de lo dicho. Los hechos no, los hechos son los hechos.

Ojito. No estoy hablando de si “las cosas” están bien así como están en el mundo (¡pufff!) y en las relaciones de pareja (¡doble ashh!), no se trata de valorar la situación ni de dar opiniones morales sobre lo que hay, no. Hablo de entender cómo están las cosas hoy y hacer algo diferente para obtener resultados diferentes. ¡Pragmatismo puro! Si eres de las mujeres que tienen que explicar constantemente por qué deben ser respetadas: sigue leyendo.

¿Qué tienen que ver las amenazas y las sobre-explicaciones con la basura?

Tus amenazas y sobre-explicaciones son como la basura para la persona que recoge y procesa la basura. A nosotros, los que estamos viéndola desde afuera, siempre nos parece que debe ser una tortura ese trabajo, pero realmente para esa persona la basura no apesta, ya no apesta. Su olfato se acostumbró al olor y ya no lo percibe. Cuando tú has dado demasiadas explicaciones o has amenazado a la misma persona por mucho tiempo es como con la basura: tus palabras ya no surten efecto, él o ella ni siquiera te escucha. Necesitas, necesitan ACTOS, HECHOS. No palabras. No ideas. No sentimientos. Hechos sí.

¿Qué hacer entonces para conseguir lo que estás buscando?

Párale, bájale dos rayas a tu “explicadera”, a tu “amenazadera”. No digas cosas que no harás pronto ni tampoco después o más adelante, no expliques demasiado lo que deseas ni lo que te sucede. HAZ. ACTÚA. EJECUTA. Cierre tu pico, no hables más y ejecuta. Si algo no te gusta actúa congruentemente con lo que piensas y sientes, y que tu cuerpo, tu actitud, tu comportamiento demuestre que eso NO te gusta en el presente, en el momento, no tres años después. No des mensajes ambiguos a las otras personas, eso te quita poder. ¡Cuando es no es no! No digas, no expliques, no amenaces: haz. Ejecuta esos límites que tanto explicas y defiendes en tus choros mareadores. No pongas tus límites en palabras, no los pienses, llévalos a tu cuerpo y actúalos. Hazlos. Vuélvelos hechos.
Una mujer que está todo el tiempo diciéndole a su pareja “por favor respétame” (“oye aquí estoy”, “yo también necesito cosas”, “hey, es que no notas que yo también existo”, “¿cuándo me tocará a mí?”) no obtendrá nada diferente a lo que ya tiene y está viviendo. La mujer que no quiere ser irrespetada no sale ni vive ni convive con un tipo que la irrespeta. La mujer que está harta no amenaza con irse cada cinco minutos, sólo agarra sus chivas y se va (no sin antes hablar con su abogado). Simplemente ella no sale, no está, no vive, ni soporta que otro humano, hombre o mujer, la irrespete. Tolerancia cero. Para ejecutar no hay que dar explicaciones cansonas y repetitivas ni amenazar a nadie. Ella no tiene parejas, jefes ni hijos que la traten como un chicle pegado en las suelas de sus zapatos.

¿Pero cómo se da el irrespeto? ¿Qué es irrespeto y qué no?

El irrespeto empieza en una misma. El irrespeto tiene su origen y la solución en la persona que anhela ser respetada, porque es ella misma quien se irrespeta por eso anhela y anhela, mas nunca es respetada. Quien cede su poder al otro u otra (a la persona que la irrespeta) y se coloca entonces en una postura subordinada o cada vez más y más subordinada: ésa eres tú. Al amenazar y sobre-explicar pierdes el poder o refrendas que efectivamente NO lo tienes.
Pierdes el poder al no considerar ni procurar satisfacer tus propias necesidades. Tú a ti. Irrespetarse a una misma es dejar en segundo plano lo que tú necesitas y luego echarle la culpa a los demás porque sigues insatisfecha. Irrespeto es no considerar las necesidades de los demás sí, pero irrespeto también es considerar que las necesidades de tu pareja, tus hijos, tus empleados, tus jefes son más valiosas y urgentes que las tuyas. Respeto significa miramiento, consideración, deferencia. El irrespeto empieza por ti, no por los demás. El irrespeto original, la semilla desde donde crecen la maleza y las plantas parasitarias, tú lo llevas a cabo contigo. Lo demás son sólo réplicas de lo que tú haces.
Respeto es la atención especial que se tiene al ejecutar una acción o es la atención que le das a una persona. Esa persona eres tú. Esas acciones atendidas o desatendidas son también tuyas. Lo que más me interesa es que tatúes en tu mente y en tu alma lo siguiente: no puedes establecer relaciones respetuosas hacia y con los demás si no tienes una relación de respeto contigo misma. El respeto y el irrespeto que ahora vives son tuyos, ¡tú los creaste! Tú tienes el sartén agarrado por el mango y tú decides o decidiste ceder tu poder. ¿Miedo? ¿Comodidad? ¿Dependencia emocional? ¿Inseguridad? Ponle el nombre que quieras, pero ese paquete es tuyo y de más nadie, ¿qué harás con él?

¿Cómo se da el proceso de perder tu poder?

Comienza con no tener claras tus necesidades, con no darles un orden de prioridad a las mismas. Cuáles de tus necesidades son negociables y cuáles son imprescindibles y necesitas satisfacerlas ya, urgentemente. Perder poder inicia con no empeñarte en procurar que tus necesidades sean satisfechas. Hay dos tipos de necesidades, unas, las más vitales, te las puedes dar tú misma y es mejor que no esperes a que otra persona te las dé: amor, respeto, cuidado, consideración, compañía. Otras son coyunturales, circunstanciales, a veces te las podrás dar tú misma y otras veces necesitarás que otra persona te facilite el proceso de obtenerlas. El segundo es el caso de los empleos, por ejemplo. En líneas generales, perder poder pasa por insistir en que otra persona satisfaga lo que tú tienes que proveerte a ti misma. Pierdes poder cuando ejerces esos límites que tanto necesitas (la forma cómo quieres ser tratada por los demás) sólo en tu mente y hablando. Pierdes poder cuando te limitas a quejarte, a amenazar y a sobre-explicar pero tu actitud está dando el mensaje contrario a lo que dice tu boca.

Te pongo algunos ejemplos que pueden sonar estereotipados pero que son ilustrativos. Aplícalos a tu situación en las formas no en lo que describen exactamente. Ahí te van.

Ej. #1: Tú estás esperando que el tipo te hable para salir y él se comprometió en hacer esa llamada a las 8 pm. Llegan las 8 pm y él no habla. Tú sigues allí esperando (eternamente) a que lo haga. Él termina hablando a las 10 pm y diciendo que está retrasadísimo y que lo más seguro es que no pueda verte hoy. Tú le armas un pancho, le dices que es una desconsideración de su parte y la la lá… Para empezar… ¿por qué chingados le contestas el teléfono a las 10? No contestes y no le contestes hasta dentro de una semana. Así sabrá que las 8 son las 8. Hechos, no palabras.

Ej. #2: Él tiene que pasarte la pensión alimenticia de tu hijo todos los días 5 de cada mes. Así lo dijo el abogado. Han pasado tres meses y él nada, ni un peso. Tú le mandas mails amenazándolo, le llamas y le armas un escándalo, lo presionas hablándole a su mamá, le dices que no lo dejarás ver al niño más nunca en la vida. Etcétera, etcétera. Me pregunto: ¿qué esperas para hablarle a tu abogado y demandarlo porque está incumpliendo lo que se comprometió a hacer? ¿Por qué eres tan “buenita” con él, acaso él lo fue contigo cuando tú estabas jodida? No des explicaciones, no amenaces, llama a tu abogado. Hechos, no amenazas.

Ej. # 3: Están ambos en un bar y un tipo de otra mesa se te queda viendo. Tu pareja se enoja y te hace un espectáculo y se va. Tú le hablas por el celular mil veces y le preguntas: ¿por qué te fuiste? Tú sabes por qué se fue… pero de todas maneras quieres que él te explique… ¿para qué? Luego vas y le sobre-explicas mil cosas inútiles: “el tipo no me gusta, es horrible”, “te juro, yo no lo conozco”, “yo te quiero a ti, no seas tontito”. Cuando tú le pides una explicación o eres tú la que sobre-explicas le das valor y reafirmas su actitud. Una actitud que NO te gusta. ¿O es que sí te gusta salir con alguien que te culpa por la mirada de un tipo que ni conoces? No te hagas cargo ni te responsabilices de un paquete que no es tuyo. Déjalo ser adulto, no compenses su inmadurez ni gratifiques con “un caramelito” una actitud con la que no estás de acuerdo. Y eso lo tienes que hacer en el momento en que sucede no después. Hechos, no sobre-explicaciones.

Ej. # 4: Ya estás harta de sus indecisiones, que no quiere vivir contigo y chala lá. Siempre dice que sí te ama que eres la mujer de su vida, SU mujer, que nunca había sentido nada igual por una pareja anterior, que has cambiado su vida, que eres lo más importante que él tiene ¡como tú no hay dos! y quien sabe que tantas cosas… son sólo palabras… Ya a ti no te gusta “ese juego”, no te divierte. Siempre te da una fecha de cuándo por fin pasará lo que tú esperas que él haga pero esa fecha nunca llega, siempre él tiene algo más importante, más urgente, más prioritario que ejercer su compromiso contigo. Hechos, no palabras. ¿Si estás harta, si ya esa relación no te está dando lo que tú necesitas, si es más lo que sufres que lo que gozas… por qué sigues con él? Lo que no ha hecho hasta ahora ya no lo hará. ¿Hay millones de hombres en este mundo por qué actúas como si él fuera el único? El amor y el enamoramiento no son suficientes, necesitas hechos. No quiero matar(te) el romanticismo pero ¿si tú eres “la mujer de su vida” por qué renuncia a ti tan fácilmente?

¿Cómo recuperar tu poder (o cómo no seguirlo perdiendo hasta que te quedes seca)?

Haz una lista de tus habilidades

No importa si ahora las utilizas o no. Trata de traerlas al nivel consciente. A veces no sabemos para lo que somos buenas porque no nos detenemos a observarnos. Ponle nombres respetuosos a todo eso para lo que eres buena. No es lo mismo escribir “se me da eso de llevar las cuentas” a escribir “soy buena administradora y sé optimizar los recursos”. Respeta lo que sabes hacer y que en lo que escribas eso se note. Si no se te ocurre ninguna habilidad… busca en tu pasado, recuerda situaciones jodidas por las que hayas pasado y anota cómo saliste de ellas. ¿Qué necesitaste para salir? ¿Qué fue lo que hiciste? Ve a los hechos, a las cosas que hayas realizado, ejecutado, actuado, no a las ideas ni a los sentimientos. Busca y busca hasta que encuentres tus habilidades. Un último recurso es preguntarle a alguien que te conozca bien y te quiera (ojo: no a tu esposo ni a tu jefe) cuáles piensa que son tus habilidades y luego escríbelas en un papel. Revísalas hasta que estés segura de que sí son y pega la lista donde puedas verla muy seguido. Cuando dudes y sientas que estás perdiendo fuerzas, reléela.

Haz una lista de tus necesidades

Todas desde las más básicas hasta las más complejas. Pégala junto a la lista anterior. Ponles fecha a las acciones que te lleven a satisfacer tus necesidades, fecha de inicio. Si tienes 5 años queriendo tomar clases de pintura, ponle fecha y comprométete contigo misma y hazlo. Si quieres tener una tarde para ti, lejos de los niños, habla puntualmente con tu pareja de lo que necesitas y ponle fecha de inicio y hazlo. No le expliques a él por qué lo necesitas hacer, no lo amenaces, simplemente di yo necesito esto y ponle fecha. Solicita colaboración si tienes que hacerlo pero no “ruegues” ni “te arrodilles” para que te ayuden. La colaboración se pide “de pie” y “con la cabeza en alto”, la que mendiga y suplica siempre está de rodillas ante el otro o la otra. No supliques: NEGOCIA. Sé puntual, clara y no des pasos hacia atrás. Sé amigable y firme, no exigente, ni mandona ni retadora. Negocia.

Clarifica dentro de ti misma qué tipo de relación deseas con esa persona

Describe por escrito cómo es el tipo de relación de pareja, laboral o de amigos que tú deseas. Separa la hoja en dos, de un lado pondrás una columna, allí va lo que tú quieres obtener de esa relación y en la segunda columna lo que sí estás obteniendo: los hechos. Escribe todo lo que se te ocurra, todo, y luego evalúa los resultados. Compara lo que deseas de esa relación, lo que necesitas de la misma, con lo que realmente estás obteniendo de esa relación. Sé cruel, no tengas piedad en esa lista, escribe todo lo que te salga. Escribe desde tu persona, coloca en ti tu punto de vista no en el de los demás, no el de tu pareja, no el de tu suegra, no el de tu jefe ni tu amigo. El tuyo. Observa la lista final con calma y medita sobre lo que estás haciendo con tu vida, tú, y no más nadie. ¿Te gusta lo que lees? ¿Es lo que deseas? ¿Por qué no vives como quieres vivir? Busca soluciones y regresa a analizar las dos listas anteriores. Tus habilidades y tus necesidades. Combina todo y actúa. Ejecuta las soluciones, empieza por una sencilla, pero hazlo.

Cuando dudes de tu interpretación sobre una situación o una persona, regresa a los hechos y reflexiona sobre ellos

Los hombres y las mujeres sólo podemos encontrarnos y construir “algo” en los hechos. Construyendo. Palabras van, vienen. Ideas, sentimientos, van, vienen. Imaginación, fantasías y yoes imaginarios van y vienen. Los hechos son hechos: construyen construyendo. Si quieres saber cómo realmente es un hombre (o alguna persona) déjalo ser junto a ti, velo cómo actúa, “tápate los oídos” por un rato, aprende a “escuchar” sus actos y no sus palabras. No hables tanto tú y presta atención a lo que él hace. No sobre-expliques, no amenaces. Sé tú lo que estás buscando en él, actúa tú contigo misma como quieres que él actúe contigo. Si él se va o se queda te tendrás a ti misma siempre y no te sentirás tan vulnerable.

Diversifica tu vida

Las mujeres tomamos muchas decisiones que nos quitan poder. Una muy común es hacer que tu vida gira en torno a él o a esa persona: jefe, hijo, amiga. Cuando tu mundo gira así alrededor de una sola persona comienzas en un acto casi irremediable a sobre-explicarte y a sentir la tentación de amenazar al otro u otra. No esperes ni demandes que tus necesidades sean satisfechas por un misma persona. Nadie llenará tu vacío, sólo tú. Pero si notas que no estás pudiendo darte a ti misma lo que necesitas por ahora, diversifícate, es una buena estrategia mientras logras recuperar tu poder. Que cuando tu teléfono suene no sepas de antemano que es él. Que cuando sean las 7 pm y todos en la oficina se vayan tú también salgas por esa puerta porque tienes una cita para ir al cine. Y aunque no la tengas, sal, huye de esa oficina y léete un libro. Al menos una vez a la semana asegúrate de hacer lo que más te gusta en este mundo. No busques excusas no aceptes que tú te estás dando excusas para no hacer lo que deseas. Actúa.

Busca ayuda

Si tu vida no es lo que deseas. Si tu relación no es lo que deseas. Si el mundo se te viene encima y no hayas cómo cambiar lo que sucede, busca ayuda psicológica ya. No esperes más. Hazlo. Hechos, no ideas. Levanta tu teléfono y haz esa llamada, busca un terapeuta y pide una cita, busca un grupo de ayuda para mujeres y asiste. Si no te gustan los psicólogos, busca otra solución y hazla ya. Yoga. Tai Chi. Meditación. Taller de escritura. Club de lectura. Lo que quieras que sea para ti y que luego de hacerlo sientas que te ayuda. Hazlo. Hechos, puritos hechos.

El amor es un acto y una acción, no una idea, no está hecho de palabras.
Con todo mi respeto,

Nadir Chacín

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