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Ilustración: Fito Espinoza

Ilustración: Fito Espinoza

Los límites tienen que ver tanto con la forma en que tratas a los demás como con la manera en que permites que los demás te traten a ti. Los límites que estableces en tu forma de comportarte no son para tus seres queridos, son para ti. Sin límites claros, cada quien los suyos, las personas no encuentran un espacio digno y sano donde resolver los conflictos durante su interacción. Sin límites no es posible la negociación, ni la equidad entre las partes que conforman un vínculo amoroso. Sin límites no hay amor genuino por el otro o la otra. ¿Por qué es útil darnos tiempo para reflexionar sobre los límites? Porque los vínculos amorosos edificantes, los que te permiten ser feliz, sólo pueden construirse entre dos humanos que se respetan. Todos tenemos unos límites de comportamiento trazados, con ellos nos hemos estado relacionando con las demás personas hasta ahora. ¿Cómo sabes si esos límites te están funcionando? El síntoma más evidente de que no funcionan bien es sentirte “abusada(o)” o “utilizada(o)” continuamente o si vives situaciones donde la culpa te agobia o sientes deudas asfixiantes hacia alguien más. La raíz de tu conflicto interno estriba en que no eres consciente de cuáles son tus límites en la interacción con los demás y mucho menos de los efectos que éstos tienen sobre tu vida. Sin un estado vital de consciencia despierta, no hay responsabilidad real sobre la decisiones que tomamos ni capacidad para la transformación individual. La mayor parte del tiempo: actuamos como personas anestesiadas que obedecen automáticamente y sin reflexión a viejos condicionamientos.

¿Cuál es el origen de esta historia? La capacidad para poner límites se aprende durante la infancia a través de la imitación que hacemos de los comportamientos de nuestros progenitores o figuras fundantes. No aprendemos de las palabras ni de los discursos de nuestros progenitores, aprendemos de sus comportamientos. La ambigüedad entre aquello que se nos dice y lo que nosotros observamos en la dinámica familiar es la principal fuente de confusión, los niños la perciben y aprenden precozmente a utilizar dicha ambigüedad para conseguir lo que desean, aprenden a manipular. El chantaje emocional entorpece el desarrollo sano de los niños como personas independientes y que confían en sí mismos. El chantaje es lo opuesto al amor. La buena noticia es que, aunque hayas aprendido un patrón de comportamiento disfuncional en tu niñez, tienes la posibilidad de re-aprenderlo y de construir vínculos amorosos más sanos durante tu adultez.

¿Cómo puedo re-aprender rápido? Tu relación contigo, la valoración que tienes de ti misma(o) [autoestima], es la base del edificio sobre la que construyes tu vinculación con los demás. Acelerar el proceso de re-aprendizaje es como querer apurar a un río, no se puede. Re-aprender tiene su propio tiempo y espacio. No te angusties si sientes que no avanzas. Has pasado mucho tiempo utilizando los límites construidos, así que reflexionar sobre ellos, establecer nuevas reglas del juego y ejecutarlas con tus seres queridos hasta que se vuelvan hábitos sanos, toma tiempo, esfuerzo… y duele. Re-aprender las creencias que tenemos sobre el amor y sobre las relaciones interpersonales es un proceso doloroso porque nos hace cuestionar la manera en que hemos vivido.

¿A qué puedes enfrentarme durante el re-aprendizaje? Es posible que cuando comiences a establecer límites más claros en tus relaciones con tus seres queridos, esas personas se sientan ofendidas, lastimadas y abusadas. No te entregues al drama y al “por qué a mí”. Sé firme en tu decisión sobre cómo quieres relacionarte con esa persona, sé compasiva(o), pero firme. Notifícale a la otra persona que estás ejecutando nuevas estrategias en tu manera de vivir y que no es nada personal contra esa persona. Deja claro las características del límite que has decidido establecer y sigue adelante. No te justifiques ni le eches la culpa a nadie por ello, responsabilízate de tu decisión. Madura, madura. No estés cada cinco pasos justificando lo que haces, sólo hazlo y sé congruente con tu decisión. Todos los límites que pongas también debes respétarlos tú, recuerda que los límites son para ti, no para los demás. Prepárate con anticipación para tu proceso de transformación. Hazte de recursos (libros, podcasts, terapia psicológica, asistir a un grupo de ayuda…) que te sirvan de apoyo para mantenerte alerta y no sucumbir ante la culpa. Empezar a poner límites genera mucha culpa porque nos han enseñado que el amor profundo no pone límites, que el que ama tiene que darlo “todo”, y esto es una creencia falsa y destructiva. Para poder amar sanamente se requiere de límites claros entre las dos personas y de respeto mutuo. Amar es auto-respetarse y respetar al otro u a la otra.

¿Cómo empiezo? Escribe tus creencias sobre los límites en las relaciones interpersonales en un papel. ¿Cómo me relaciono con mis amigos, progenitores, pareja, hijos…? Ve al detalle. Quizá te sea más sencillo pensar en situaciones actuales y describirlas.
Ejemplo de situación: “Mi pareja me revisó mi correo electrónico y me reclamó porque todavía le escribo a mi ex”.
Preguntas indagatorias: ¿Cómo te hace sentirse que tu pareja revise tu correo sin tu consentimiento? ¿Cuál es el origen de dicho conflicto? ¿Cuál es tu responsabilidad en ese problema y cuál es la parte que le toca a tu pareja? ¿Qué es lo que realmente te molesta de su actitud? ¿Qué conversación con tu pareja has estado postergando? ¿Crees que las parejas deben saberlo “todo” el uno sobre el otro? ¿Crees que “es mejor pedir perdón que pedir permiso”? ¿Te da culpa decirle que respete tu intimidad? ¿Cómo te comportas con el espacio de intimidad de tu pareja? ¿Qué podrías hacer para cambiar esa situación a corto plazo y que no vuelva a suceder? ¿Cuáles son tus límites?
Escribe todo lo que te venga a la mente , deja descansar un día el texto y reléelo. Luego escribe las nuevas reglas de interacción con tu pareja, escribe cómo quieres vincularte de ahora en adelante con esa persona en cada tema específico. Algunos ejemplos para la situación anterior: «No revisaré “las cosas” de mi pareja sin su consentimiento», “Pondré una nueva clave a mi correo”, “Hablaré con mi pareja sobre el respeto a la intimidad ajena”, “Conversaré con mi pareja acerca de la intimidad y estableceremos un nuevo acuerdo y lo escribiremos para comprometernos con su ejecución”.

Buen miércoles,
Nadir Chacín @nadirchs
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